Más que el sombrío panorama que proyectan la crisis financiera y conflictos sociales como los que han estremecido una potencia como Francia, son declaraciones como las del secretario de Hacienda las que ponen a pensar sobre la estrategia del Gobierno para capear los efectos internos del tsunami que sacude las economías.
La reducción de las tasas de interés para estimular la producción ha sido una medida positiva, pero aparte de que no es la única que demandan tiempos tan difíciles como los actuales lo cierto es que tampoco se ha reflejado tal y como se esperaba en el aparato productivo.
Si la estrategia del Gobierno descansa en la colocación de bonos por 19 mil millones de pesos a través de subastas competitivas, como anunció el licenciado Vicente Bengoa, tendrá que estar bien preparado, porque ahora mismo el panorama no luce muy atractivo para esas operaciones.
Que se hayan colocado 3,000 millones a través de la banca comercial no significa que los inversionistas estén dispuestos adquirir las letras de cambio a tasas que no les proporcionen grandes beneficios y, sobre todo, la más absoluta seguridad. El Gobierno suele ser muy optimista y hasta apabullante en sus estrategias, pero es sabido que las perspectivas no son muy halagüeñas.
Y por mejor que se quieran adornar los acuerdos sobre la cumbre de las fuerzas vivas están muy lejos de constituir la respuesta para encarar una crisis que ha movilizado a los franceses contra el desempleo, tiene a España en condiciones cada vez más críticas y a Estados Unidos luchando para recuperarse.
No por criticado en el pasado el endeudamiento, que ya pesa bastante en el lomo del dominicano, puede ser el camino para enfrentar los avatares de la crisis internacional. El Gobierno tiene que pensar en una estrategia que contemple aprovechar al máximo las recaudaciones.
Es válido señalar que la deuda del sector público, tanto interna como externa, se incrementó en 1,738.5 millones de dólares en 2008, para totalizar la friolera de 10,366.7 millones, equivalentes al 22.5 por ciento del Producto Interno Bruto. Con la mira en las remesas, la caída del turismo y la caída de las exportaciones, el panorama se torna más sombrío.
La impresión es de que el Gobierno, como si en verdad estuviera resguardado, no tiene un plan definido para preservar el empleo productivo, que hoy debe constituir una de las principales prioridades, así como para evitar la quiebra de comercios y empresas. El gasto, antes que reducirse, lo que parece es incrementarse y no precisamente para satisfacer demandas sociales como las enarboladas por sectores populares.

