El que sigue mis artículos a través de este decano de la prensa vespertina sabe de las constantes críticas que le hecho al presidente Danilo Medina por su actitud frente al indecoroso y abusivo contrato que el pueblo dominicano heredó de la nefanda gestión de gobierno del doctor Leonel Fernández Reyna. Ha resultado obvio que la injusticia y la inmoralidad que ese acuerdo supuraba no tenía otra salida que el bajadero de una renegociación.
Sin embargo, eso no significa que el paño con pasta que se les aplicó a algunas cláusulas del leonino contrato, sea de alguna manera sinónimo de equidad. Como bien señala el dirigente perredista, ingeniero Ramón Alburquerque, en su Análisis al acuerdo preliminar Danilo-Barrick, a la transnacional aún se le exonera de ciertas obligaciones que deben correr por su cuenta. Como, por ejemplo, la deuda de 4,500 millones más intereses por la instalación de la planta en Pueblo Viejo y los daños al medio ambiente que la explotación ocasione.
Como bien asegura el expresidente del Partido Revolucionario Dominicano en su auscultamiento, todo lo que conlleve inversión para la explotación y gastos para la preservación del ecosistema, tiene que correr por cuenta de los accionistas extranjeros; y es inaceptable un contrato que contenga aún los graciosos privilegios en favor de la empresa minera que pormenorizadamente señala en su atinado examen el ingeniero Alburquerque. No importa que la mayoría de la población, incluso los principales líderes de la oposición, aplauda delirante el nuevo pacto.
Los dominicanos no podemos seguir siendo engañados de manera tan vil e indecente por políticos inescrupulosos que se aprovechan de la ignorancia ancestral que nos arropa para saciar sus desvergonzadas ambiciones. Pero, además, pienso que ya es tiempo de que llegue la primera vez en que el colectivo sano de la nación dominicana contemporánea decida pasarles factura a tantos farsantes. De quienes no creo que me exceda al llamarlos fariseos de nuevo cuño

