Jorge Herrera
De León
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En el debate originado tras la sentencia 168/13, evacuada por el Tribunal Constitucional (TC), abundan más las descalificaciones que los argumentos serios basados en el articulado de nuestras Constituciones. A los que condenamos lo que a todas luces es un verdadero adefesio jurídico, en un arranque de frenesíinusitado, nos llaman traidores a la Patria; no sin antes tildarnosde pro haitianos, contestes con los alegados planes de unificar la isla.
En efecto, el presidente de la alta Corte, Milton Ray Guevara, en su afán por complacer a sus jefes políticos y religiosos por su condición de militante activo de la fe católica, puso a circular un documento que aunque compromete a los demás integrantes del tribunal, no tuvo la delicadeza de someterlo al pleno para que lo validara. Lasuerte es que cada lamboncito genuflexosiempre tiene su contraparte, alguien con la debida dignidad. Esta vez le tocó a la juez Katia Miguelina Jiménez, una mujer que al amparo de los hechos, se puede afirmar que respeta el ruedo de su falda.
En ese mismo orden es preciso señalar que el señor Ray Guevara, incurre en un desatino que cuestiona sus tan alardeados conocimientos en materia constitucional, cuando afirma que el dictamen no es retroactivo. Parece que él entiende que el enunciado del numeral 2 del artículo 18sobre la nacionalidad en la constitución vigente, no es taxativo; y que por consiguiente, se presta a su madalaganaria interpretación. De ser así, al diablo la semántica.
Pero hay más; todas las Constituciones anteriores a la actual, contemplan que: “son dominicanos todas las personas que nacieren en territorio de la República, con excepción de los hijos legítimos de los extranjeros residentes en el país en representación diplomática o los que estén de tránsito en él”.
Ahora bien, si lo que se ha hecho es incluir a los ilegales en el grupo de los transeúntes, es fácil concluir que el argumento es perverso. De modo que lo aconsejable es continuar denunciando al mundo el genocidio social que entraña el malhadado veredicto.
