La Inversión Extranjera Directa (IED), que en 2019 superó los tres mil millones de dólares, se ha convertido en uno de los indicadores económicos de mayor preeminencia en el dilatado crecimiento de la economía dominicana, a pesar de que aún falta un largo trecho por recorrer en materia de seguridad jurídica e incentivo a las inversiones.
En los últimos 15 años, el promedio de inversión foránea anual supera los US$2,500 millones, lo que coloca al país como uno de los principales destinos de capitales en proporción al Producto Interno Bruto (PIB) de la región, siendo el sector turismo el mayor receptor de esos recursos.
Por la IED se han acumulado desde 2004 unos 37,500 millones de dólares, en contraste con los más de US$13 mil millones que durante ese periodo el Gobierno ha transferido a empresas generadoras para amortizar déficit del subsector eléctrico, lo que equivale a decir que parte de ese dinero entra por una mano y sale por la otra.
Sectores como minería, comunicaciones, intermediación financiera e industrial, entre otros, también son recipientes de inversión extranjera, lo que junto al turismo, remesas y exportaciones ha impactado en la reducción del déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos.
La estabilidad de la economía dominicana se sustenta principalmente en el ingreso de divisas, que el año pasado superó los 31 mil millones de dólares, aunque la inversión extranjera tiene un significativo impacto transversal en el crecimiento y desarrollo económico.
Es por eso que Gobierno, liderazgo político y sector productivo están compelidos a consensuar el tipo de seguridad jurídica que garantice flujo permanente de inversión foránea hacia todos los sectores de la economía, porque cualquier situación de riesgo mal administrado desviaría esos recursos hacia otros destinos de la región.
También se requiere que las universidades y otras instituciones académicas y de formación laboral adecúen sus currículos a las necesidades en materia de recursos humanos o de innovación tecnológica que requieren esos capitales porque, al fin y al cabo, mano de obra y transferencia tecnológica constituyen activos imprescindibles.
Inversión Extranjera Directa debería ser un tema esencial en la agenda del debate electoral a los fines de que candidatos y partidos expliquen al electorado las fórmulas que tendrían para ayudar a consolidar ese renglón, considerado como vital para la estabilidad, crecimiento y desarrollo de la economía.

