¿Qué Pasa?

Cuando ir muy rápido pasa factura a la salud mental

Cuando ir muy rápido pasa factura a la salud mental

Vivir acelerados se ha convertido en casi una norma en la sociedad actual, lo que muchos no saben es que, aunque no lo parezca, esto trae consecuencias silenciosas para la salud mental y emocional.

Así lo afirma la psicóloga Dalia Aguiló Quéliz, quien orienta sobre las señales de alerta, el estrés crónico y la importancia de aprender a soltar.

“Una de las primeras señales psicológicas de que estamos yendo demasiado rápido, sin siquiera notarlo, es la sensación permanente de prisa, incluso cuando no existe una urgencia real”, dice.

Señala que a esto se suman la irritabilidad, la dificultad para descansar sin culpa, los problemas de concentración y un cansancio mental persistente que ni siquiera dormir muchas horas logra aliviar.

“Cuando el cuerpo se cansa, pero la mente no se detiene y vivimos ‘en automático’, estamos frente a una alerta importante”, advierte Aguiló.

Para la psicóloga, especialista en Desarrollo Psicológico, Análisis Conductual del Adulto y la Tercera Edad, este estilo de vida acelerado se ha normalizado. A diferencia de otras épocas, donde el ritmo diario incluía pausas naturales, hoy la hiperconectividad y la cultura de la productividad han convertido la velocidad en un estándar social.

Vivir rápido ya no se cuestiona, se aplaude, aunque tenga un costo alto para la salud mental y física”, afirma la también especialista en Neuropsicología Clínica.

Indica que las personas han comenzado a enaltecer rutinas desproporcionadas con el único objetivo de hacer más, sin medir el impacto a largo plazo.

“Vivir rápido ya no se cuestiona, se aplaude, aunque tenga un costo alto para la salud mental y física”, afirma la especialista

Nos hemos vuelto más competitivos y menos competentes, acumulando tareas en lugar de vivir con propósito”, enfatiza.

Aclara que la idea de “soltar” suele malinterpretarse y que soltar no es rendirse ni dejar de importar, sino aceptar aquello que no está bajo nuestro control y dejar de invertir energía emocional en lo que no podemos cambiar. “Es una forma de autocuidado mental, no de abandono”, puntualiza.

La experta explica que el control ofrece una falsa sensación de seguridad. Muchas personas creen que, si no controlan todo, algo negativo ocurrirá. “Soltar implica confrontar el miedo a la incertidumbre, y eso requiere confianza interna y regulación emocional”, añade.

Al hablar del impacto del estrés en las personas, señala que éste, sostenido, no solo se limita al plano individual, sino que se extiende a nuestras relaciones; además de que el cansancio emocional se vuelve más reactivo, reduce la empatía y deteriora la calidad del vínculo con los demás. “Las relaciones se vuelven frías, impersonales y abrumadoras. Hoy somos más intolerantes y nos sobreestimulamos con facilidad, incluso ante interacciones poco demandantes”, señala.

Muchas discusiones, dice, no nacen de conflictos reales, sino del agotamiento emocional acumulado que no ha sido atendido.

Dalía destaca que, a pesar de todo lo anteriormente señalado, sí es posible bajar el ritmo sin cambiar radicalmente de vida. No se trata de abandonar responsabilidades, sino de transformar la manera en que se vive. Hacer pequeños ajustes en la rutina, pausas conscientes y límites saludables pueden reducir significativamente la sensación de urgencia.

Advierte que el uso constante del celular y las redes sociales juega un papel clave en esta aceleración. “El teléfono mantiene al cerebro en estado de alerta permanente. Las notificaciones, la comparación social y la sobreestimulación generan la sensación continua de que tenemos que responder o hacer más”.

Añade que este hábito alimenta la ansiedad y dificulta una desconexión mental real.

Entre los pequeños hábitos diarios que ayudan a desacelerar la mente, Aguiló Quéliz recomienda respirar conscientemente, caminar sin el celular, comer sin pantallas, establecer horarios de desconexión digital y respetar los momentos de descanso.

Son acciones simples, pero con un impacto profundo en la regulación emocional. Especialmente en las mañanas, es importante crear espacios de introspección y conexión con uno mismo, en lugar de acudir inmediatamente a las redes sociales”.