Opinión

Islario

Islario

En babia

¿Qué espera uno de los intelectuales de su país? Que estén al día con lo que pasa, con lo que se piensa y con lo que se necesita ocurra en el mundo, para que este se vuelva un habitáculo más vivible y menos desesperanzado.

Que nos alumbren con el brillo de su pensamiento en libertad. Que nos guíen en lo oscuro. Que sean independientes, aptos, probos, valientes, dignos. Que se identifiquen con las mejores causas y que se reconozcan tras la búsqueda de solución a los problemas más acuciantes de sus conciudadanos.

Que les duela su país, y con él su región, su provincia, su comunidad, su barrio, su calle, su esquina, su semejante. Que sean partícipes activos de los procesos históricos de su nación, y en ellos, entes insobornables que motoricen y promuevan cambios sustanciales, por radicales, que sirvan de plataformas para mejorar el presente, augurando un futuro menos agobiante y mitigante.

Que hagan propuestas creativas y “aterrizadas”, que nos ayuden a salir del atolladero en que hemos sido sumergidos por políticos irresponsables, corsarios corporativos y sindicalistas sin almas, ni corazón ni moralinas. Que no tengan tan infladas sus “egotecas” y sepan aupar las voces emergentes que tendrán la misión de relevarlos en la trinchera dispuesta por nuestros Padres Fundadores, para la defensa y fortalecimiento de los valores de nuestra cultura, y por ende, de los tópicos tangibles e intangibles que suponen estructuran y ejemplarizan la identidad nacional.

Que encaren el presente con el coraje y la altivez patriótica del guerrero restaurador –espada en ristre, mirada y desvelo en permanencia, con la llama sacrosanta de la enseña tricolor como musa inspiradora-, si el instante, acaso, devino misántropo, irreductible, acosante, menesteroso.

Que tengan “voz”, y que la hagan resonar sin pensar en recompensas, allí donde impera el miedo, el terror, la desidia, la intriga, el descaro, la sinrazón, el desacato, la abulia, el “desaforo”, el desparpajo, la arrogancia, el abuso, el derroche, los sectarismos, la discriminación, las componendas, la ausencia de acción real ante los males que desmedran la cotidianidad, y la falta de fe verdadera, en la inminencia de un porvenir menos azaroso y vergonzoso.

¿Qué espera uno de los intelectuales de su país? Que se pronuncien contra las pretensiones de la Barrick Gold, que propongan puertas de salida al grave problema de la migración haitiana, que se vuelvan muros de contención ante el auge y expansión del narcotráfico, que exijan de las autoridades medidas que disminuyan la inseguridad ciudadana, la corrupción administrativa, la insalubridad, los despropósitos de las trasnacionales y los organismos crediticios foráneos; la trata de blancas, la fuga de cerebros (que llaman ahora “exilio económico”), los viajes ilegales, la desprotección de los ciudadanos dominicanos en el exterior y los feminicidios.

¡Ah, y que dejen de estar en Babia!, porque la vida del dominicano de hoy no es una bicoca.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación