¿Dónde está la espiritualidad?
En Santo Domingo nadie parece estar en lo que debería. Policías en patrulla cobrando peaje y comisión por multas de tránsito; criticando el sistema judicial, distribuyendo juguetes, regalando canastas, recibiendo homenajes de los dueños del país, participando en angelitos de fin a principio de año, celebrando misas, loando a empresarios y produciendo patéticos y risibles auto bombos televisivos.
Médicos en onda de sindicalistas en agraz, en conciliábulos de aposento, obsequiosos en cumpleaños presidenciales, en cócteles de representaciones diplomáticas, y en fiestas anodinas de interactivos radiales consuetudinarios.
Embajadores más aquí que allá; en francachela con autores y editores, aupando candidaturas senatoriales, haciendo turismo interno con su familia, dando declaraciones hirsutas de toda índole, tema y objetivo, sin reparar en el bello arte de la prudencia, y participando en encuestas de programas de farándula.
Narcotraficantes dándose el lujo de llamar a populosos programas radiales; caminando como alma libre en ropa y calzado de playa, por los principales centros comerciales de la capital y del interior; codeándose como si tal cosa, con la élite política, intelectual y económica de la nación, mientras presencia en ring side¨, los más exclusivos espectáculos artísticos celebrados en la Res-pública.
Ministros de ronda y alcachofas, presentes en actividades sociales de todo género; ya en sorteos de lotería, baby shower, comelonas y eventos deportivos militares, despedidas de solteros, bacanales estrambóticas en happy hour, encuentros parroquiales, ventas de pasillo, rifas de pulgueros servidos sin honra como subasta de antiques, y convenientes remates de indultos a furibundos rotos y excomulgados célebres.
Sacerdotes en presentaciones de memorias corporativas, protestas reivindicativas de banqueros desrostrados, y convivios clandestinos de travestidos pusilánimes.
Evangélicos en reuniones de organismos de lucro sin fin, en dilatados foros sobre Seguridad, y ruedas de prensa coordinadas para el empoderamiento de la novísima membresía de comités empresariales, que compondrán anuncios de dinámicas estratégicas pretendidas globales, idóneas para simular que se aporta lo necesario para contrarrestar los males que acarrea la nación, gracias a la hechura creativa del reparto que se la reparte, y a lo leve de su desmemoria, erigida como frágil estandarte de su demacrado patrimonio.

