Opinión

ISLARIO

ISLARIO

Víctor Villegas. Cuentan para quienes quieran creerlo, que el gran poeta petromacorisano Víctor Villegas, nació el mismo día que el rayo y el relámpago. Que le arropó un estruendo inmisericorde, y que le hizo abrir los ojos de perplejo permanente, un aguacero travieso; cerrado y meditabundo.

Hay quienes juran haberlo visto desnudo a orillas del rio Higuamo, esperando el tren líquido que decía su padre le llevaría al “País del Nunca Jamás”. Todavía espera. Su eternidad ronda y deplora las intenciones de La Parca, que pretende no darse por enterada. Sus amigos estamos felices de que permanezca de pie; lúcido, valiente y cristalino, cuando aún es preciso.

Lupo Hernández Rueda.- Me dicen que aún enfermo, el inmenso autor del poema mandálico “Círculo”, le hace bromas a la eternidad. Carraspea sí, pero escribe. Se pone la mano donde arriba el dolor, pero lee. Se coloca bolsas frías cuando a la frente asoma la intemperie, pero no deja de pensar. Se unta aceites de paisajes inimaginados, al tiempo que ama, canta, riposta, sueña. Es un gladiador. Espero verle de regreso “como naciendo aún”.

Homero Pumarol.-  La ciudad tiende a diario brisas de azahar tras su ágil paso de fuego. Es un Príncipe que no conoce de derrotas, aún padezca a deshora su estro incomparable de intemperie. La Parca, la muy bandida y accidentada, lo sabe a regañadientes su lascivo natural. Su enemigo múltiple y talentoso; por obra y gracia de su espíritu encantado. Ella lo sabe su verdugo insobornable, por eso lo deja respirar tranquilo. Caminar dormido, sin distracciones. Tornarse  mar, como vendimia de la melancolía o aderezo de la nostalgia.

Mariano Lebrón Saviñón.- Candor, magia, ilusión, caballerosidad, decencia, solidaridad, hidalguía, remembranza, dignidad, carácter, sinceridad, laboriosidad, intuición, humildad, respeto, apasionamiento, responsabilidad, dedicación, originalidad, y por supuesto el ente enamorado, ¡el hervor de la espiga ilusionada! ¡Ay! Pena de la muerte, en su intento vano de cargar con sus dones. Triste del estupor, por su elucubrado espectáculo y derrotado despropósito. Semillas superficiales, nacidas en tiempos de soberbia y mezquindad. ¡Ay! Imbécil La Parca que no ha aprendido cómo de día renace su fulgor,  y cómo se impone, cada noche, vivísima su nobleza.

El Nacional

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