El librito particular
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Además, pensándolo bien; nos ahorraríamos las dietas, las caravanas, el limosneo en la parte frontal del Congreso, tras cada Asamblea Revisora o Constituyente, o Presentación de Memorias, o ¡qué ocho cuartos!…
También el tráfico de influencias, de haitianos, de blancas (¡y de morenas!), los contratos onerosos con organismos crediticios internacionales, los acuerdos de aposento, y los vejámenes que regularmente trae consigo el apandillamiento (que dice Vincho, abriendo los ojazos), el sectarismo democrático, la discrimación ideológica, los radicalismos partidarios y hasta el autosucidio, como dijo una vez, el benemérito, Carlos Andrés Pérez, de ningún amor.
En este tipo de gobierno propuesto; cada quien estaría en lo suyo. En el ponte pa´mi que ´toy pa´ti, reguetoneado. Sería el dulce imperio del librito particular, con el añadido de que también nos ahorraríamos el culpar al otro por la fuga de otra, o la desdicha propia.
Yo, sin duda: gobernaría para todos sin olvidarme de los míos, porque hace años me convencí de que si trabajamos en familia; ¡E´pa´lante que vamos!, sobre todo si anteponemos el interés particular al caos ordenado de la desazón colectiva.
Ya en mi casa tienen todos sus cargos asignados. Papá pidió la Jefatura de Estado Mayor o la Secretaría de las Fuerzas Armadas si no es lo mismo, él dice que le daría igual-. Mamá está lista para la Secretaría de Salud Pública. Mi hermana; la de Educación. Mi hija menor; Bellas Artes o Cultura. La mayor; el Consulado en Nueva York, y la Amber Denise de este cuento, no se decide si el Banco Central, Relaciones Exteriores o la embajada en Washington
En medio de las reparticiones y entre bocadillos fríos y vasos de refresco rojo, pedazos de bizcocho y jugos de naranjas; un vecino fanático de Las Águilas Cibaeñas se animó a vociferarme: ¡Yo sólo quiero ser amigo del Presidente! me dijo con voz ya estropajosa, adelantando el gozo del futuro festín pasados cinco minutos de la Toma de Posesión-, o si no subraya con envalentonado talante-, quisiera ser ayudante número uno de la exquisita Primera Dama de la República, pues vivo cerca….
Fue así como lo descubrimos oyéndolo voz en cuello, divagar con esperanzas-, más sabio y ambicioso que todos.

