Me apena verlos entre las verduras. Confundida su rama oliva entre el rojo y el amarillo de los ajíes morrones, y el blanco olímpico de la coliflor, con el verde triste de los brócolis.
Admito que la estampa es irreemplazable, por hermosa y clandestina, pero es extraño ver el porte de militares de alto rango, algunos -evidentemente académicos, prosternados ante el nada displicente acomodo y preferencia de señoronas de funcionarios, indicándoles qué víveres, cuáles quesos y qué frutas, son del gusto del don de la casa, quien, aunque es civil, se supone la senda expedita para acceder al privilegio del seguro ascenso y la desmedida fortuna.
Me parte el alma, sentirlos avergonzados y conformes, porque no hay de otra, periodista. Y siguen viendo y oliendo mercancías que, por supuesto, no pueden comprar, mas sí rescatar de las góndolas y atriles, en razón de mandaderos cargados.
Usted los ve con los carritos de metal al ristre.
Ellos que fueron educados para defender la Patria de todo tipo de atropellos. A ellos, en cuyos cerebros fue insuflada la historia del honor como epopeya, signándole la idea de que se precisa el mantenimiento de la dignidad para ser, de ahí que no acaban de entender por qué el presente se sucede como afrenta doméstica.
La primera ofensa fue hacerlos dependientes del escarceo político.
Antes bastaba con los méritos acumulados. Al soldado de hoy, obediente al poder civil, le bastada con ser de carrera. Es decir, tener la vocación y disposición de morir por el suelo que lo vio nacer y crecer. Y para esto sólo era necesario lo que hoy se llama sentido de pertenencia. Luego, disciplina, entrega, valor y clara voluntad de servicio y sacrificio.
Hoy los gallos cantan en otra dirección. La política ensanchó su camino en los cuarteles. Cada cuatro años, reclutas y superiores cambian de colores. El disimulo se reduce. Se arrecian las diferencias y se multiplican los intereses.
La Patria, como dice la Maguita de Enriquillo Sánchez, no es más que una cuchilla de caimito, y el joven oficial está más atento a la lista para el supermercado dispuesta por la señora del funcionario, que al significado de la medalla al mérito que otrora paseara en su pecho como estandarte.
Más que un soldado con que la Patria puede contar, hoy es un asistente uniformado, en todo lo que precise aquel que bien podría por sus relaciones o incidencia-, determinar su carrera.

