Opinión

ISLARIO

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¿Traerá mayo su Agosto?

Hay quienes hacen su agosto en diciembre, y se desbocan sumándose al despelote de las ventas de pasillos; los boletos de viajes a crédito, las ofertas de temporada que traen productos  a mitad de precio y las promociones de artículos facilitados junto a otros,  supuestamente, sin costo adicional.

Los hay también, a quienes les llega enero aprovechando “la zafra” sin conocer la suspicacia del machete. 

Estos “ciudadanos ejemplares”  nunca sabrán lo que es “doblar el lomo”, pero pueden dar clases de estrategias puntuales para  burlarse de los cuerpos investigativos de la Res-pública.

Esperemos sus fantasmas trajeados, en ronda tradicional por los butacones del Senado y la Cámara de Diputados. Los veremos sonrientes más allá de los carteles en días cercanos a mayo. Con maletines repletos de  “verdes”  para “invertir” en el “sacrificio” de los futuros honorables; ocupantes maravillados por los  tesoros que rinden  las curules.

Luego será de nuevo Agosto. El festín mal disimulado, el olvido colectivo, la ira contenida. El guión de la trama fabulosa será el mismo: sustituir actores y escenario, pero dejar incólume el argumento y los tratados de aposento.

Lo dijo Enriquillo Sánchez: “Vamos a mil, aunque sin saber hacia donde”. Vamos a dos mil diez, rumbo al deterioro del futuro. Aunque no nos satisfagan las apetencias. Aunque nadie “le pare bolas” a nuestros anhelos. Aunque el vecino vuelva grande y abultada su arca, ayer poblada sólo por quejas y suspiros. Esa manera de decir sin consecuencias, que tenemos los dominicanos para naufragar en permanencia, tras la leve ilusión de una democracia sin cambios verdaderos, rupturas significantes y precauciones oportunas.

Lo grande es que en los folios de la historia no aparecemos como zombis. Nos exculpa el dato de heroísmos pasados y la sublime estadística de mártires y forjadores, en cuyas proclamas,  hoy nadie se reconoce, porque impera el miedo, nos reduce la autocensura y nos retrotrae a diario  el monstruo de la indiferencia.

Nos invaden las taras. Nos ahoga la falta de oportunidades. Nos deprime la poca virtud de los autollamados “prohijadores del desarrollo anhelado”; pero hemos aprendido a convivir sin importarnos la deuda contraída con el ejemplo y sacrificio de los Padres Fundadores.

Duarte, Sánchez, Mella, Luperón, Henríquez Ureña, Juan Bosch, Caamaño Deñó, Espaillat, Montes Arache, Pedro Mir, Fernández Domínguez, Manuel Del Cabral, Maximiliano Gómez, Orlando Martínez, Narcisazo González, entre tantos otros, se suceden sin suerte como meros referentes.

Vidas colgadas en el suplicio de una magra figuración didáctica, atajadas por una mancuerna diabólica que ha convenido mantenerlos frisados en el desconsuelo de una página en blanco; porque así la memoria del dominicano de hoy.

El Nacional

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