Opinión

Islario

Islario

Escribir en fuga. Escribir en el agua. Escribir en el alma. Escribir todo lo que le ronda el cuerpo. Los símbolos del aire. Los elementos de la tierra. Los signos perdidos del fuego. Las ondulaciones de la voz. Las crepitaciones de la fantasía, y el holocausto invisible que viste la memoria, componiendo las paredes de nuestras habitaciones interiores.

La máscara de tu oscuro. El horizonte improbable de tu rostro insatisfecho. La pena de no saberse flotando; encandilado por un amor real: insustituible.

La máscara de tu anverso. El oscuro escenario que te sirve de norte y de soporte. La historia fingida a ras de desespero. La histeria escrita; atada, ilusionada. El amor rodando. Tu oscuro perplejo. El Atlántico. Los pájaros. La torre. Y el día ennubecido, empezando siempre, danzando por los dos.

 Todo esto se colige de la segunda lectura de “La Máscara de tu Oscuro”, libro aún inédito pero de pronta aparición, de la novísima poeta y versátil periodista dominicana, Silvana Marte (1971).

De la primera, le queda a uno en el paladar, la ternura nacida de un ser verdadero. El sabor a “humano” que deja la degustación de las obras vivas. La delicadeza de la sensualidad que nos recuerda el recorrido de una piel mejor. El ensueño inviolable e inolvidable de un abrazo inmenso. El doloroso adiós de las formas. Los cantos ceremoniales de la ausencia. Las caricias a destiempo, idas. El verso en fuego, por rotundo; decidor y proclamante.

Silvana Marte ha logrado no sólo “transcribir” su niebla, sino también su candor, su fe, su herida, su obsesión, su temor, su pasión, su  entrega. Le ha puesto nombre y apellido a su encono simbólico y ha logrado encaminar su semejanza por el sendero del alumbramiento editorial promisorio.

Creo en ella y en su voz, porque creo en su talento y en su corazón. Las páginas que componen su primer libro están henchidas de realidad. “Realidad”, en el sentido de la puesta en escena de “lo sentido”.

Explayada su vida sin la obtusa presencia de “lo moderno” -esos cachivaches innecesarios usados por algunos de sus coetáneos con la sola intención de causar asombro-, su poesía  logra que el lector no sea el mismo al final de la aventura.

El Nacional

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