Opinión

ISLARIO

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Con el futuro empeñado

La percepción popular sobre el paradero de Sobeida Feliz Morel, es por variada; risible y preocupante. Unos piensan que está escondida en un poblado fronterizo, en el interior de una cisterna; pasando las de Caín o las del hijo de Limber en tiempos de tormenta.  Otros creen que a estas horas ya habrá contado todos los fierros de la Torre Eiffel, distraída y despreocupada tras la burbujeante y espirituosa Jacquesson et Fils (1798).

Existen quienes están convencidos de que luego de visitar sus familiares en la pobrísima comunidad de  Joba Arriba en Gaspar Hernández; saludar a los vecinos de su madre y contonearse poquito y sensual con los atabales de las Patronales de San Rafael, huyó disfrazada de azafata, por una conocida línea aérea antillana.

Mientras otros especulan que ésta sobrevive los días de su fama poco envidiable; refugiada en un lujoso resort dominicano, disfrutando de un “todo incluido” mágico, por maravilloso y fuera de borda.

Pero lo cierto es que con sus apenas 31 años; Féliz Morel tiene ya su futuro empeñado. Apresada, absuelta, premiada, nombrada, secuestrada o exiliada; enfrentará para siempre innumeras interrogantes: ¿Qué pensaste, qué hiciste, qué te prometieron, adónde te llevaron, qué diste a cambio, cuántos pesos tienes en Santo Domingo, adónde dejaste la yipeta, cuántas tareas de tierra te regalaron, cuáles son tus amigos y relacionados, a quién dejaste tus propiedades, quién es tu sombra protectora, qué chalet te espera en el exterior; qué cantidad de dólares invertiste o cuáles manos te cubren del sol justiciero? Serán algunas de las tantas preguntas que la abordarán y perseguirán mientras esté vivita y coleando. Porque  Sobeida Feliz Morel ha pasado del anonimato más extremo a la más compleja celebridad periodística y judicial.

Si viviéramos en una sociedad menos cansada, mas que tema de la chercha popular, el suyo seria un caso-objeto de estudio sociológico. Porque su trasfondo es la evidencia del falso piso en que se sostienen nuestras instituciones; ya que pone en cuestionamiento la eficiencia y razón de ser de muchos de sus organismos convexos; como las centrales de inteligencia de los diversos cuerpos investigativos y los variados métodos de coerción de los cuales se vale a diario nuestra judicatura; así como las Ongs y los ministerio –cónsonos con la nueva Constitución-, que miden sus logros con horas y horas de planificación en costosos seminarios y conclaves sobre Seguridad Nacional, Migración y Estado de Derecho.

Ha de pensarse una exageración, pero el caso Feliz Morel es uno de los tantos enigmas, cuya veleidad de entresijos, mostrará el modo en que, en este hoy, “lo dominicano” se observó tan vergonzoso, estático y risible  como antaño.

El Nacional

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