Opinión

ISLARIO

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Columna de don Eligio

Desde pequeño me ha sorprendido la devoción con que don Eligio lee todos los rincones de cada periódico que cae en sus manos. Es admirable y asombroso. Ninguno como él puede dar fe y testimonio de qué se dijo, cuándo, cómo y en qué página o periódico apareció tal o cual información o declaración.

Es el mejor lector de periódicos que he conocido a lo largo de cuatro décadas y setecientos treinta días.

Si me pidieran describir a don Eligio, la imagen vendría solita: cariacontecido, ojeando las hojas de los diarios cual cazador de gazapos o colector de misterios; siempre con su sombra detectivesca sobre unas traviesas negritas impresas, que por supuesto, traen la versión de unos hechos con la cual él no necesariamente congeniará, pero que sabrá respetar –chistando quedo-, porque “algún razón habrán tenido para publicarla”.

Para don Eligio, “estar al día” con lo que acontece en el país “y el resto del mundo”, es tan importante como la hora sagrada de tomar los medicamentos; porque para él no estar “al tanto” con lo que pasa es “de hecho”, declararse muerto. Ya que –lo oye a diario en la radio-, “quien no investiga no tiene derecho a la palabra” (Mao Tse Tung), y lo peor, según su filosofía, es tener que callar por desconocimiento: “Lo peor es no tener la voz activa”, dice.

Ahora mismo lo imagino; tomando como de costumbre su delicioso café –extendidas las piernas y los brazos para el embeleso-, luego de verificar los resultados del crucigrama del día interior, y haber advertido que los que reposan en el desayunador, corresponden a los diarios aun no leídos. De modo que, a nadie se le debe ocurrir moverlos de lugar sin su consentimiento; “porque… ¿qué necesidad hay”.

Pienso que si como decía José Ortega y Gasset (1883-1955), hay “intelectuales vertebrados”, existen también “lectores vertebrados” por una ética que dignifica tanto al medio como al redactor, en cuyo favor dispone su confianza y atención de manera incondicional y desinteresada.

Estos –Medio y Escriba-; deben siempre operar a favor de la humanidad recipiendaria, compelidos por la fidelidad apasionada de quienes a diario lo justifican.

Verdad o no de Perogrullo; lo cierto es que no hay Escriba sin Lector, del mismo modo que no existe Medio sin Mensajes ni Receptores. Aquí la función de una u otra está “intervenida” por una sinergia in crescendo, de valores y alcances insospechados.

¿Y podría considerarse “periodista” a aquel que jamás ha embadurnado una cuartilla ni visitado en clave de laboreo una Sala de Redacción? Creo que sí. Don Eligio es, por fervoroso lector de periódicos, el más encantado y actualizado comunicador que conozco.

El Nacional

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