Noticias importante Reportajes

“Jamás pensé que yo iba a caer con una enfermedad tan extraña”, dice venezolana radicada en RD

“Jamás pensé que yo iba a caer con una enfermedad tan extraña”, dice venezolana radicada en RD

Santo Domingo.- Ninety Garrido, abogada y administradora financiera de profesión y con un séptimo semestre en ingeniería civil, a sus 60 años de edad, llegó a República Dominicana procedente de Venezuela, al igual que otros miles de compatriotas que se vieron forzados a salir debido a la situación socio-política y económica que vive el país suramericano.

Hoy con 65 años, y con un giro inesperado en su vida tras ser diagnosticada con una extraña enfermedad degenerativa de la mácula ocular húmeda que le arrebató la vista, la señora Garrido sigue solicitando ayuda pues, asegura haber tocado todas las puertas posibles, pero ya no tiene cómo costear su tratamiento.

“Jamás pensé que yo iba a caer con una enfermedad tan extraña y en una de sus versiones más agresivas”, cuenta la venezolana oriunda de la ciudad de Caracas y madre de dos hijos, uno de ellos radicado también en el país, pero debido a que padece de diabetes con hipertiroidismo, su médico le recomendó vivir sola para bajar los niveles de estrés que empeoraban su condición.

“Vivo alquilada en una habitación. Yo tengo a mi hijo, pero mi hijo tiene una patología; es diabético con hipertiroidismo y no podíamos vivir juntos porque eso me estresaba mucho y el médico me dijo que era mejor que viviera sola”, explica en tono melancólico.

La venezolana Ninety Garrido sufre de una extraña enfermedad que le hace perder la vista de manera rápida.

Ninety Garrido narra que su estadía en el país caribeño, inicialmente era solo de vacaciones, pues su destino real era Colombia, pero una abogada compatriota suya  a quien le dio  5 mil dólares para cambiarlos y sacar un Registro Nacional de Contribuyentes (RNC) y así ejercer su oficio en el país nunca apareció con el dinero, quedándose solo con tres mil dólares en el bolsillo.

“Vine con una proyección grande porque venía prácticamente recomendada por el vicecónsul en ese momento, Freddy Pérez, y prácticamente él me cambió la ruta, yo tenía prácticamente mi bufete al lado del consulado en Venezuela no pensaba en ir para República Dominicana sino para Colombia, pero viene para acá”, sostuvo.

Tras haberlo perdido todo en Venezuela, indicó que su idea era continuar aquí lo que hacía allá, trabajar con cobranzas extrajudiciales de los principales bancos, pero ese proyecto nunca pudo materializarlo.

“Ha sido duro, a mí me expropiaron dos empresas que tenía y todo eso se perdió, vine con mi hijo varón y mi hija viajó a Rusia, a donde ya había viajado años atrás”, agregó con notable nostalgia.

Dice que como nunca recibió el dinero de parte del abogado, su hijo montó un FoodTruck (camión de comida) frente al residencial donde estaban y luego de haber gastado los tres mil dólares que tenía no le quedó de otra que salir a la calle con su consuegra a vender comida, como los cientos de venezolanos que se ven en las calles de la ciudad de Santo Domingo, buscando ingresos para vivir.

“Empezamos nuestro negocio de salsas Date Gusto y hallacas, como todos los venezolanos emprendedores aquí, no teníamos otra opción”, narra la mujer de doble profesión quien agregó que siempre procuró acercarse a los sitios relacionados con Derechos Humanos.

“Trabajar en la calle no nos resultó fácil, pero teníamos que sobrevivir”.

Fue así como llegó con su consuegra y socia a la Asociación Dominicana de las Naciones Unidas (ANU-RD), donde no solo se registraron si no que, a través de la venta de sus productos “empezamos a conocer y relacionarnos con personas de allí”.

Una extraña e incurable enfermedad

Ninety jamás imaginó que de tener sus propias empresas y llevar la mayoría de sus años con una vida de oficina, terminaría en otro país vendiendo comida de sitio en sitio para conseguir su sustento.

Pero aún más remota era la idea de que en un día ya normal de su faena en República Dominica, perdería de repente la vista mientras manejaba por una de las calles de la capital.

“Estando en la calle, manejando, perdí la vista por completo y mi consuegra tuvo que tomar el volante, yo no entendía por qué de repente ya no veía nada”, dijo al destacar que de ese episodio hace ya 20 meses.

Luego de acudir a varios centros de salud, fue referida al Hospital Dr. Elías Santana, mejor conocido como «Los Americanos», donde le diagnosticaron la enfermedad que tras la cuarentena provocada por la pandemia le causó la pérdida total de la visión del su ojo derecho y del izquierdo solo le queda un 10%.

“Perdí la visión del ojo derecho y del izquierdo solo me queda un 10%, debido a que al inicio de la pandemia cerraron todo y duré dos meses y medio sin tratamiento”, recuerda.

Debido al padecimiento, debe colocarse mensualmente una inyección en el ojo izquierdo para preservar la poca visión que le queda, pero cada inyección le cuesta 350 dólares, y según cuenta Garrido, es una odisea cada vez más difícil para conseguir ese dinero.

“Los primeros seis meses de la enfermedad, descapitalicé a mis hijos haciéndome el tratamiento, luego mi hija buscó en la plataforma GoFundMe, ahí duramos con lo que se recaudó hasta el mes de diciembre de 2020 y comenzamos en enero del 2021 otra vez con el proceso de cómo conseguir dichos recursos”. Explica.

“Yo tengo que conseguir al menos 600 dólares al mes para cubrir mis gastos… no es fácil”.

Admite que las personas que logró conocer y las instituciones con las que se familiarizó durante sus ventas en las calles, le han ayudado como han podido, pero reconoce que han colapsado pues son muchos los venezolanos que acuden en busca de ayuda para su salud y familia, más aún durante la pandemia.

Cuenta además las tantas veces que ha intentado contactar sin éxito a los venezolanos que trabajan en medios de comunicación locales, a quienes les ha enviado su historia y documentos clínicos vía redes sociales, sin que al día de hoy reciba respuesta.

Desde su cuarto oscuro, como le llama, Ninety se vale de su celular para mantenerse en contacto, ya no puede leer y perdió el equilibrio para escribir de forma recta. Dice que realiza rifas para conseguir dinero, pero con la última lleva 4 meses sin que pueda completarla.

Tras haber asistido al Show del Medio Día en busca de ayuda, conoció al doctor Cruz Jiminián, pero pese a que la refirió a su clínica para ayudarla con el tratamiento, las gestiones vía el Departamento de Medicamentos de Alto Costo fueron imposibles debido a su condición migratoria.

“Luego de tres sesiones, en las que llevé mi record clínico y demás documentos, me negaron la ayuda diciéndome que lo de la regularización no me valía porque debía tener cedula de residente”, precisó.

Ante la negativa, le recomendaron volver a hablar con el doctor Jiminián a ver si conseguía el medicamento vía su fundación, pero asegura que hace tres semanas habló con el asistente y no he tenido respuesta.

“Yo he tocado muchas puertas y estoy agotada, agobiada, Dios tiene el control de todo, pero esto es un agotamiento físico, metal, psicológico, de todo… he vivido tantas cosas y aquí estoy prácticamente sola”, manifestó.

A diferencia de muchos venezolanos y otros extranjeros en condición migratoria irregular, la señora Garrido ya recibió las dos dosis de la vacuna contra la covid-19 y en medio de toda la adversidad que le ha tocado vivir, dice sentirse bendecida de estar en la República Dominicana, donde precisa, ha fortalecido su fe.

Condición migratoria

En cuanto a su condición migratoria, dice haber iniciado el proceso de legalización el cual entrará a la primera fase del proceso, sin embargo y ante su realidad de salud, expresó la necesidad de irse a Argentina donde radica su hija, quien ya está regularizada y con quien podría tener mejores comodidades y tratos para su enfermedad.

“Ya yo no hallo a dónde asistir ni a donde ir, necesito salir para irme a vivir con mi hija en Argentina porque allá ella ya está asegurada y su situación migratoria ya está regularizada”, sostuvo, razón por la que está en espera de respuesta del consulado argentino para poder irse al país suramericano.

“Necesito la ayuda tanto para los medicamentos como para irme y mi hija en verdad ya no aguanta porque ella tiene que enviarme para la vivienda y para comer”, reitera.

De ser así, indica, continuar el proceso de legalización en República Dominicana ya no sería necesario.

Sudelka Garcia