MEXICO. AP. Su manera particular de cantar montando a caballo dejaron “Tatuajes” en la música regional mexicana; su “Secreto de amor” estaba en cada una de sus canciones. Pero la voz del llamado poeta del pueblo se ha apagado.
Joan Sebastian, uno de los más grandes exponentes de la música regional mexicana, falleció el lunes tras años de lucha con el cáncer. Tenía 64 años.
Un representante de Universal Music Latin Entertainment-Fonovisa, la disquera de Sebastian, confirmó el deceso a The Associated Press sin precisar las causas.
Coreado en los abarrotados palenques mexicanos y celebrado por sus colegas, Joan Sebastian gestó una prolífica carrera en la que acumuló infinidad de reconocimientos, se ganó la admiración de colegas gracias a sus dotes para crear grandes canciones.
José Manuel Figueroa (su verdadero nombre) nació el 8 de abril de 1951 en Juliantla, en el estado mexicano de Guerrero. Desde los ocho años mostró sus habilidades para la composición con unos versos dedicados a su tierra natal, según destaca la biografía de su sitio oficial. Aunque se enfilaba a convertirse en un “cura ejemplar», decidió abandonar el seminario a los 17 años y en su camino se topó con la música. Mientras trabajaba en un balneario, la actriz Angélica María lo escuchó cantar y le pidió que la buscara para ponerlo en contacto con el productor Eduardo Magallanes. Aquel encuentro no se realizó debido a que, cuando viajó a la capital mexicana, tanto la intérprete como el productor estaban de gira. Pero sí lo llevó a las puertas de la discográfica Capitol, donde grabó su primer disco y se convirtió en asistente de dirección artística.
Bajo el nombre de Figueroa comenzó a acumular algunos éxitos en el norte de México y en ciudades estadounidense como Chicago, donde trabajó como vendedor de autos, lavaplatos y preparando ensaladas. Su gran saltó llegó en 1977. Ese año creó el nombre artístico de Joan Sebastian, que resultó más atractivo para las compañías disqueras. Debutó con el tema “El camino del amor», que le abrió paso por Latinoamérica.
Un años después el grupo argentino Mediterráneo interpretó su canción “Sembrador de amor» en la Copa Mundial de 1978.
Desde entonces Joan Sebastian fue una de las figuras más representativas de la música regional mexicana. Sólo él y el gran Vicente Fernández eran capaces de abarrotar los más prestigiados escenarios hasta recintos como plazas de toro.
Muchas de sus presentaciones fueron acompañadas de breves corridas de toros y suertes ecuestres e incluso interpretaba algunos de sus más coreados temas montado a caballo. De ahí que se le conociera como “El rey del jaripeo».
Una caída lo llevó a retirarse pese a su renuencia a dejar los caballos. “Cuando me dijeron que era imposible que volviera a montar me demostré a mí mismo que los médicos estaban equivocados, pero llegan momentos en la vida, hay que hacer conciencia y ya no se pueden hacer las mismas locuras que se hacían en determinado momento», expresó en una rueda de prensa en Los Ángeles en 2012.
Su despedida, empero, no llegó hasta dos años después, cuando se embarcó en la gira “La última maroma», con la que dejó definitivamente el jaripeo.
Con más de 35 álbumes y premios que incluyeron cinco Grammy y siete Latin Grammy, se destacó como compositor y productor. La maestría con las que dio vida a temas románticos, de desamor y otros que exaltaban a la mujer le valieron el mote de “El poeta del pueblo». Figuras como Vicente y Alejandro Fernández, Pepe Aguilar y la fallecida Rocío Dúrcal grabaron algunas de sus canciones.
Como productor, llegó a moldear discos para los Fernández, Diego Verdaguer y Lucero. Nunca escatimó en dar sus temas y compartir el escenario con otros intérpretes. En 2010, se embarcó en “Los Tres Tour», una gira que realizó al lado de Alejandro Fernández y Marco Antonio Solís. Incluso se inmiscuyó en otros terrenos musicales y grabó duetos con Thalía y Lucero. También hizo mancuerna con el emblemático Antonio Aguilar.