Opinión

Joaquín Balaguer

Joaquín Balaguer

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Para comprender y conocer en su justa dimensión a Joaquín Balaguer hay que remontarse a sus orígenes y personalidad desde temprana edad como poeta y periodista en el primer cuarto del siglo XX. Siendo apenas un joven ya mostraba una madurez fuera de lo común cuyas reflexiones y pensamientos lo hacían parecer de mucho más edad y ya eran reflejo del personaje histórico que jugaría un rol preponderante de nuestra historia republicana.

Con apenas 17 años el adolecente Balaguer ingresó como corrector de pruebas y redactor literario en el periódico La Información, siendo su director a la sazón don Rafael César Tolentino, quien al recibirlo lo describió como un joven precoz de pantalones cortos, de sonrisa de niño, de caminar tranquilo, de hablar pausado, de timideces de novia, un poco huraño pero serio y fuerte, jovial y sincero que nos inquietaba a todos con la portentosa fecundidad de su mente, con la solidez de sus juicios y con la laboriosidad de su temperamento firmemente intelectual cuando apenas cursaba el tercer año de la escuela normal.

Ya a su ingreso al diario La Información el joven Balaguer había publicado su primera obra de versos “Psalmos paganos” con apenas 14 años en cuyo libro plasmó uno de sus poemas; La epopeya de mi vida, que reflejaba ya la profundidad de sus reflexiones y pensamientos; “Cual caballero medioeval la senda. Voy recorriendo con mi heroica espada.

Y hoy proclamo que lidio, en la contienda, ¡por mi amor y mis versos y mi amada! Por lámpara yo llevo la esperanza, y ebrio de juventud y de entusiasmo, ¡no me importa morir, en la matanza, bajo el puñal hiriente del sarcasmo. Marcho con paso firme y valeroso, gritando en la contienda: ¡mas arriba!, ¡porque he de ser el héroe victorioso, de la Epopeya santa que yo escriba!”.

No se equivocaba don Rafael Cesar Tolentino, director de La Información cuando describió a este joven prodigio de las letras al definirlo como lector incansable, polilla de bibliotecas, corresponsal cumplido con sus relaciones, culto, pulcro, nacionalista de la “Pura y Simple”, poeta a la manera de los grandes que fueron artistas de la aristocrática en el verso, en sus modales.

La bohemia astrosa, el aguardiente y el tabaco, el garito, el burdel, la taberna y la parranda, no son de sus ambientes, no manchan su fino temperamento de artista del Renacimiento”.

Continuaremos analizando en otros artículos este brillante y multifacético dominicano de nuestra historia como forma de conocer más al personaje que al político.

El Nacional

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