Con gran aflicción despedimos recientemente a nuestro entrañable amigo y hermano José Antonio Logroño Morales, el inolvidable «Gugui», para quienes tuvimos privilegio y orgullo de contar con su amistad. Un amigo auténtico, entusiasta, solidario, jovial, íntegro, jurista e intelectual de fuste que desde temprana edad cultivó el intelecto, amante de la historia y la geopolítica que inspiró a muchos amigos a incursionar en el fascinante mundo de la lectura.
Fue un valiente y firme defensor de sus convicciones, nacionalista a carta cabal, un patriota amante de su país y los ideales de sus padres fundadores. Centinela de nuestra soberanía y promotor de la necesidad de levantar un muro fronterizo para frenar la inmigración ilegal desbordante y enviar así un claro mensaje a la comunidad internacional de que nuestro país no puede cargar sobre sus espaldas con la solución del grave problema histórico, económico y social haitiano.
José Antonio partió al padre con la hidalguía de las nobles almas, lleno de fe y entregado a la voluntad del Padre. En unas emotivas palabras su hermano José Ramón “Oche” agradeció en nombre de su madre Anaïs y de él por haberlos acompañado en ese momento de dolor y pena a la vez que relató las tormentas que tuvo que sortear su hermano con su salud lucha que comenzó en el 1991 cuando se le diagnosticó cáncer de linfoma de Hodgkin y que en esa ocasión a través de intensas terapias de quimioterapia y radioterapia en el mediastino pudo vencer gracias a la fina intervención de aquellos doctores y la mano del todopoderoso.
En ese entonces los doctores le advirtieron que producto de esas terapias luego de que transcurrieran entre 25 y 30 años existiría la gran posibilidad de que aparecieran lesiones tanto en los alveolos pulmonares como en el corazón. Las dificultades respiratorias comenzaron a manifestarse hace cerca de tres años agravándose este mes al punto de llevarlo a luchar su última batalla por su supervivencia en compañía de sus familiares. A pesar de su estado y grado de ansiedad que enfrentaba nunca perdió su buen ánimo, voluntad, generosidad, bonhomía y virtuosidad que siempre le caracterizaron.
Finalizó sus palabras agradeciendo a Dios porque su hermano se marchó plácidamente sin sufrir, y eso los reconfortaba hoy despidiéndose físicamente pero jamás espiritualmente con la plena fe de que fue llamado por el mismo Dios a compartir con familiares queridos que le antecedieron quienes le esperan con gran regocijo para reunirse todos en la ciudad de Dios.
Palabras de un hermano que honran a su hermano. Descansa en paz amigo y hermano.

