La Orquesta Sinfónica Nacional ofreció anoche su primera demostración de su compromiso con el Plan de Reestructuración a que se ha convocado, tocando como nunca antes, bajo la dirección de José Antonio Molina, quien al fin tiene la oportunidad de canalizar su carisma y talento al frente de la más noble institución musical de la República Dominicana.
Las piezas que sirvieron para mostrar de cuánto es posible lograr cuando la disciplina y el compromiso profesional se convierten en un solo propósito, fueron la Fanfarria Novi Temporis, original de Molina , el Concierto No. 1 en Si bemol, para piano y orquesta, con la actuación del solista Jorge Luis Prats, y la Sinfonía No. 1 en Mi Menor, Opus 39.
Pero más que el programa, normalmente exquisito y sin sabores a crisis, el concierto ofrecido anoche fue una de carta de presentación de una nueva mística a desarrollar con el respaldo necesario por parte de la Secretaría de Cultura.
La Orquesta, que no ha finalizado el proceso de reestructuración, mostró cuanta perfección es posible alcanzar en base a la prelación y el amor por la música.
Encontró un tesoro
El nuevo director titular de la OSN sostiene que al llegar al puesto de conductor, ha encontrado un mueble antiguo de la madera más preciosa y exquisita, sólo cubierto por el polvo del anquilosamiento y la falta de mística, en que venía sobreviviendo en una especie de la lenta agonía.
Indicó que es de vital importancia para él, el tener una Orquesta que se reconozca a si misma como interdependiente, donde cada uno es responsable por los demás y los demás son responsables por cada uno. Resaltó que producto del proceso, por vez primera la Orquesta Sinfónica Nacional recesó por cinco meses para hacerse un profundo autoanálisis y disponerse a darse una transformación trascendental. Destacó que no se trata de un arreglo superficial y cosmético con la introducción de algunas caras nuevas. Se trata de un esfuerzo expreso de mi gestión que, desde el primer día, cada uno de sus miembros asuma una cultura de concertación, un colectivo que se constituye exclusivamente con el objetivo esencial de concentarse afirma Molina.
La presentación de anoche con la renovada Orquesta Sinfónica Nacional tuvo el doble encanto de ofrecer un magnifico concierto con niveles estéticos pocas veces alcanzados por la institución musical y llevar claro el mensaje de que han quedado atrás luchas internas que apenas llegaron a los medios, reclamos gremiales que muchas veces chocaron con la disciplina y el sentido de la autoridad, sin quitar méritos a las demandas, sobre todo a las salariales y de condiciones de vida.
Con gran sentido de oportunidad, Molina seleccionó una pieza suya, la Fanfarria Novi Temporis, como introducción breve e impresionista, con sus solos de trompeta y la base rítmica que le impregna el maestro Molina.
La pieza fue escrita a petición del maestro Philippe Entremont, con motivo del décimo aniversario del Festival Musical de Santo Domingo. La segunda pieza fue el Concierto No. 1 en Si bemol menor, de Piort I. Tchaikovsky para piano y orquesta, dando oportunidad para el disfrute de un exquisito solista, Jorge Luis Prats, consagrado ejecutante cubano que se entregó a esta difícil interpretación, sacando el máximo de sus posibilidades y proporcionando una experiencia auditiva memorable.
Ejecutante de gran prestigio internacional, Prats resultó un invitado a la altura de la significación de este relanzamiento.
No era un concierto más de temporada. Finalmente, Molina dejó constancia de su pasión por la música infinita, al dirigir la Sinfonía No. 1 en Mi Menor, Opus 30, de Jean Sibelius, entregado a una orquesta cargada de inspiración.
Punto de arranque
Aún cuando nunca se había admitido, la Orquesta Sinfónica Nacional pasó por un período de circunstancias difíciles a las que había que responder adecuadamente. El Secretario de Cultura hizo una detallada explicación pública con los pasos dados para relanzar en grande la principal agrupación musical del país.

