San Cristóbal vistió crespones de luto, dolor, repugnancia, lágrimas y quejidos, ante la horrenda tragedia y asesinato de una flor de este tiempo, enhiesta como silueta de ensueño; una vida trunca, nacida en los vergeles de nuestra tierra primorosa, promesa familiar y del país.
Era hijo de una de las glorias cimeras del arte musical, compositor, prestante ciudadano, estudiante, promesa marchitada a destiempo, el inmenso y glorioso artista Jochy Hernández Díaz y de la distinguida y connotada presentadora de noticias y la televisión, también artista del teatro, María del Carmen Hernández, y nieto adorado junto a otros, de mi adorada y entrañable comadre de siempre, doña Mercedes- Chea- Hernández Díaz y doña Élida García.
El joven asesinado, también artista como su insigne padre Jochy Hernández, acababa de regresar de Argentina, donde fue a estudiar y pertenecía a un grupo de rock, y su repentina muerte deja huellas imborrables, corazones bajo tictac permanente y heridas que jamás cicatrizarán.
No debe haber vacas sagradas, no privilegios, ya que nadie puede ni debe hacer declaraciones a la ligera. Hay que respetar la dignidad, el valor y la condición humana de la vida y los preceptos legales vigentes.
Pensamos que las investigaciones realizadas, y tal vez por realizar por la Policía Nacional y la Fiscalía del Distrito Nacional, sean satisfactorias y de acuerdo siempre a la realidad, caiga quien caiga sin importar quiénes estén y pudiesen estar involucrados en tan abominable acto criminal.
Asumiremos junto al destacado jurista, doctor Domingo Rojas Pereyra, la constitución en parte civil, a nombre de los familiares de José Carlos Hernández, a quien vimos nacer y crecer.
La justicia tendrá la última palabra y debe proseguir las investigaciones pertinentes en base a la realidad, hasta las últimas consecuencias. Tenemos fe en la nueva justicia dominicana, en donde existen jueces capaces, serios, honestos y probos.
El asesinato del destacado artista José Carlos Hernández, no quedará impune, compromiso de honor profesional que hacemos ante sus queridísimos familiares, ante sus restos y ante el país. La vida de los muertos está en las memorarías de los vivos, decía Cicerón.
¡Adiós José Carlos Hernández! ¡Cuáles serían tú últimos pensamientos en ese momento tenebroso e infortunado? El Señor te acoja en su eterna morada celestial.

