Opinión

José Francisco Peña Gómez 2/2

José Francisco Peña Gómez 2/2

En 1990, Peña ganó la candidatura, con un partido debilitado, quedando en tercer lugar detrás de Balaguer del Partido Reformista Social Cristiano y Bosch del Partido de la Liberación Dominicana. En 1994, el PRD estuvo consolidado y motivado. La campaña presidencial fue violenta y sucia, y Peña perdió de Balaguer en unas elecciones muy cerradas, marcada por fuertes acusaciones de irregularidades. Peña convocó una huelga general que fue apoyada ampliamente por sus seguidores y después de las protestas internacionales y de intensas negociaciones, Balaguer anunció que iba a dejar el cargo antes de tiempo en 1996 tras cumplir siete periodos presidenciales. En la encuesta de 1996, Peña ganó en primera vuelta, pero no llegó a la mayoría necesaria.

En la segunda vuelta, Leonel Fernández, un abogado que representaba el PLD en ese entonces, obtuvo una estrecha victoria, debido a una alianza entre el PLD y el PRSC. Poco después de 1994 comenzaron los primeros síntomas del cáncer pancreático que aquejaba a Peña Gómez. La enfermedad cedió después de un tratamiento en los Estados Unidos.

Más tarde, el cáncer reapareció, y Peña Gómez pasó la mayor parte del resto de su vida yendo y viniendo entre Santo Domingo y Nueva York, donde fue sometido a tratamiento médico. Finalmente muere de un edema pulmonar que el 10 de mayo de 1998 en Cambita Garabitos, San Cristóbal, 6 días antes de las elecciones congresuales y municipales donde se postulaba como síndico de Santo Domingo.

Después de su muerte el PRD logró mayoría en las elecciones de ese año en las presidenciales del 2000, de manos de su discípulo y hombre de las entrañas de la idiosincrasia Dominicana, Hipólito Mejía, quien gana la presidencia del la República en 2000.

Esta historia de valor, honor y meritos, es casi parecida a la vivida por Moisés, que después de 40 años nunca piso la tierra prometida, aunque fue el guía y escultor. La vida de los grandes hombres viene marcada de grandes proezas y de grandes desengaños. Peña Gómez mereció ser presidente de la República, era un hombre digno, por su esfuerzo, talento, coraje y la dedicación para serlo.

Tenía un corazón sano y lleno de nobles intenciones. Al igual que Duarte, los grandes espíritus a veces sucumben antes las maquinaciones y manipulaciones de las intrigas humanas. Donde quiera que se encuentre su alma, siempre admirare su gran condición humana. Brindemos por él y por lo que fue y por lo que pudo ser.

por:  Juan Arístides Taveras Guzmán

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El Nacional

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