El cuerpo del país está desnudo de ropajes paradigmáticos. Esa falencia lo torna vulnerable ante las imperiosas necesidades de encontrar referentes cuando le abaten las crisis y precisa de refugio para encontrar salidas que lo conduzcan a superar circunstancias difíciles.
En un espacio donde lo habitual es que cada quien esté empujando en la dirección de sus particulares conveniencias, al margen de las terribles consecuencias que eso pueda implicar para el bienestar colectivo, encontrar alguien que nos advierta del riesgo de ese erróneo proceder, es una rara especie en medio de una generalizada prevalencia de la indiferencia.
Este hombre me impactó desde mi primer contacto indirecto con él.
En ese entonces pude comprobar que asumía su compromiso por encima de peligros reales a los que se exponía, los cuales se materializaron, dejando huellas profundas en su espíritu amenazado que, ni aun así, renunció a su decisión de continuar actuando en función de sus convicciones más íntimas. Eso es de valientes.
Jamás dejé de seguirlo, de admirarlo, de leerlo, de nutrirme de sus análisis y siempre descubrir en sus posiciones la propuesta honesta de quien actúa desde la más auténtica vocación de servir a su nación y procurar para ella su mejor destino.
Que vaya con las riendas tensas
Qué lejos estaba en ese entonces de suponer que la vida me obsequiaría el privilegio de poder compartir con mi personaje esfuerzos comunes en la lucha incesante por fortalecer una democracia que tanta dificultad ha tenido para su anhelada consolidación.
Cuando recién empiezo a disfrutar su cercanía invaluable, lo escucho pronunciar una palabra que no la concibo en sus labios: Retiro. No. Me resisto a admitir que una personalidad de su reciedumbre nos informe que nos priva de sus ineludibles directrices, de la señalización de las rutas y los mecanismos adecuados para abordar caminos y conquistar peldaños.
Confío en que se trate de asumir nuevas formas de continuar ejerciendo lo que siempre ha sido su oficio mayor, aportar su talento y trabajo para hacer avanzar el lerdo esqueleto de su patria tantas veces expoliada y otras tantas levantada.
Le concedo el derecho de que, como el poeta que tanto cita, León Felipe, vaya con sus riendas tensas y el vuelo refrenado, pero que nunca olvide que lo importante siempre lo conseguirá, que es no llegar solo, sino a tiempo y con todos. Con todos los que, de una u otra forma, nos hemos beneficiado de su enriquecedora existencia.
Por: Pedro Pablo Yermenos
pyermenos@yermenos-sanchez.com]

