Los días 14 y 15 de febrero, el Estadio Cibao se transformó en un santuario de la música dominicana. Allí, ante un aforo colmado y una audiencia entregada de principio a fin, Juan Luis Guerra ofreció dos conciertos que trascendieron el formato de concierto para convertirse en una celebración de memoria, identidad y excelencia artística.
La apertura del viernes estuvo marcada por una producción impecable y una puesta en escena que combinó elegancia, precisión musical y un repertorio diseñado para recorrer las distintas etapas de la carrera del cantautor.
Desde los primeros acordes de Rosalía hasta la explosión rítmica de La Bilirrubina, el público respondió con coros multitudinarios, convirtiendo el estadio en un gigantesco karaoke caribeño.
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando Guerra hizo una pausa para mirar hacia atrás. Recordó cómo, en 1984, cuatro jóvenes formaron parte de la agrupación 4-40 y cómo ese proyecto marcaría el rumbo de la música dominicana contemporánea. “Ya han pasado 42 años, me gustaría recrear ese momento aquí con ustedes”, dijo antes de invitar al escenario a dos voces esenciales de aquella etapa.
La aparición de Maridalia Hernández y Mariela Mercado provocó una ovación inmediata. Junto a Roger Zayas y el propio Guerra, interpretaron Tú, en una versión cargada de armonías limpias y nostalgia viva. Fue un instante de reencuentro que no apeló únicamente al recuerdo, sino a la vigencia de unas voces que siguen siendo referencia.

El protagonismo femenino continuó cuando Yanina Rosado, directora de la orquesta, y Quico Rizek asumieron el centro del escenario para interpretar Como abeja al panal, demostrando la solidez instrumental de una banda que funciona como maquinaria perfectamente engranada.
La noche también estuvo salpicada de invitados sorpresa que reforzaron el carácter festivo del evento: El Prodigio, El Blachy, la agrupación venezolana Rawayana y el saxofonista Sandy Gabriel aportaron matices distintos a una noche que fue pura identidad caribeña.
El repertorio avanzó entre clásicos imprescindibles como Bachata Rosa, Visa para un sueño, El Niagara en bicicleta y Burbujas de amor, piezas que han acompañado generaciones y que en Santiago encontraron una audiencia que las cantó como si fueran recién estrenadas.
Complicidad y celebración
La segunda entrega, el sábado, mantuvo la energía desbordante, pero sumó un tono más íntimo. Guerra se mostró cercano, conversador y profundamente agradecido con Santiago, ciudad clave en la vida cultural dominicana.
Nuevamente, Maridalia Hernández y Mariela Mercado subieron al escenario. Su presencia dejó claro que no se trataba de un simple guiño nostálgico, sino de un reconocimiento explícito a su legado dentro de 4-40 y a su peso específico en la historia musical del país. Las armonías junto a Guerra evidenciaron una química intacta, una complicidad que atravesó décadas sin perder frescura.
En esta segunda noche regresaron El Prodigio y Sandy Gabriel, mientras que Beto, integrante de Rawayana, tuvo participación especial, al igual que el merenguero Manny Cruz, quien aportó su energía contemporánea a la velada.
El repertorio volvió a abrazar merengues vibrantes, bachatas románticas y piezas de corte espiritual, confirmando la versatilidad de un artista que, tras más de cuatro décadas de carrera, sigue administrando con inteligencia su legado.

