En la misma forma en que nos sentimos optimistas en cuanto a algunos aspectos de nuestro futuro inmediato, tenemos que decir que esto no satisface la concepción que tenemos de Duarte, que no es precisamente la que nos han enseñado en las escuelas.
Siempre, los vencedores escritores de la Historia nos han presentado a un Duarte casi etéreo, sutil, vaporoso, como si no hubiera sido un ser humano como cualquier otro, con la gran diferencia de que en su cerebro se incubaron ideas luminosas para darnos el goce a plenitud de una Patria libre, soberana e independiente.
Infortunadamente, muchos de los que hoy ensalzan al patricio no son merecedores siquiera de mencionar su nombre. Son los que Duarte llamaba orcopolitas o ciudadanos del infierno, que al amparo de las ventajas del Poder no solamente se enriquecen sin pensar en la Patria, sino que la traicionarían si fuera necesario para continuar con sus diabluras.
Son los mismos que en lugar de luchar por la unión entre los dominicanos, lo que hacen es dividirnos, lo que es una forma de hacer más difícil el cumplimiento de los ideales de Duarte. Pero, lo más grave de todo esto, es que lo hacen en nombre de un pueblo dominicano al que realmente no representan.
Los dominicanos necesitamos que nos muestren al Duarte viril, al Duarte decidido, al hombre que sacrificó bienes y vida, para morir casi olvidado en Caracas con la amargura de ver tantos trepadores que se disputaban lo que quedó de la República Dominicana de entonces.
Los mismos que lo exiliaron junto a otros patriotas son los que hoy tratan de que las ideas de Duarte también sean exiliadas, al entender que son sumamente peligrosas para sus intereses. Esta es una de ellas: Nunca me fue tan necesario como hoy el tener salud, corazón y juicio; hoy que hombres sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la Patria.
Esta otra expresión de Duarte tampoco la entenderán aquellos que, como los camaleones, adoptan ropajes diferentes a la hora de sacar ventajas de la política, incluso respaldando los actos delictivos: El crimen no prescribe ni queda jamás impune. El buen dominicano tiene hambre y sed de justicia ha largo tiempo, y si el mundo se la negase. Dios que es la Suma Bondad, sabrá hacérsela cumplida y no muy dilatado; entonces, ¡ay! de los que tuvieron oídos para oír y no oyeron, de los que tuvieron ojos para ver y no vieron…. ¡la Eternidad de nuestra idea! Porque ellos habrán de oír y habrán de ver entonces lo que no hubieran querido oír ni ver jamás.

