Al participar ayer en la incineración de dos toneladas y media de cocaína, el jefe de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) dijo que el fugitivo Ramón del Rosario Puente (Toño Leña), a quien atribuye planear su asesinato, dirige una fuerte estructura del narco en la región Este responsable de los bombardeos de drogas que se realizan en la zona.
Lo dicho por el mayor general Rolando Rosado Mateo consolida el criterio de que la denuncia de que se planea atentar contra su vida no debería asumirse como juego de niños, sino como un proyecto de terror que las autoridades deben frustrar.
Por los contundentes reveses que la DNCD ha asestado al narcotráfico y por el poder logístico que propias autoridades le atribuyen, hay que advertir sobre el peligro que representa una fiera herida a la que se intenta acorralar.
Si, como revela el mayor general Rosado Mateo, el tal Toño Leña posee una fuerte estructura en la región oriental y es quien suple o suplía de drogas a José Figueroa Agosto, entonces de lo que se habla es de palabras mayores.
De lo que se habla es de toneladas de cocaínas bombardeadas sobre cañaverales, carreteras, costas e islas adyacentes en el este del territorio, donde aviones repletos de drogas han aterrizado en autopistas o improvisadas pistas.
Lo dicho por Rosado Mateo debería resultar suficiente para que se tome en serio la amenaza de muerte en su contra y para que las autoridades apliquen previsiones para evitar una eventual mexicanización de la sociedad dominicana.
Tómese como ejemplo la masacre perpetrada en México contra la familia de un oficial muerto en la operación militar en la que cayó abatido el zar de las drogas Arturo Beltrán Leyva, la muerte a balazos del secretario de Turismo del estado de Sinaloa y el secuestro y posterior asesinato de un gobernador en Colombia. Vale advertir que esto no es juego de niños.

