Barack Obama habló el jueves 21 de mayo a las 10 y 27 de la mañana y el ex vicepresidente Dick Cheney le respondió 53 minutos después. A propósito de esto, el comandante Fidel Castro dice: Inicialmente pensé que podía ser un desafío abierto al nuevo Presidente, pero cuando leí la versión oficial comprendí que la rápida respuesta había sido concertada previamente. El ex vicepresidente había elaborado su discurso con cuidado, en tono respetuoso y a veces edulcorado.
No hay duda de que fue concertada la respuesta, y es deber de conciencia preguntar qué atadura obligó al presidente Obama a entregar su discurso a Cheney antes de darlo a conocer para que, en respuesta a la afirmación de que es necesario cerrar la cárcel de Guantánamo, el ex vicepresidente presente la tortura como práctica oportuna y necesaria para la seguridad nacional de Estados Unidos.
No sorprendió tampoco a Obama que Cheney validara al mismo tiempo la mal llamada guerra preventiva, que es la máscara de la agresión militar, cuyo objetivo final es el saqueo imperialista.
Fidel Castro dice que el terrorismo ha sido utilizado durante décadas por Estados Unidos como método de agresión contra Cuba, y considera escandaloso que Cheney intente justificar la tortura.
Desde la Vicepresidencia de Estados Unidos, Cheney redujo a lo necesario sus apariciones en los diarios; pero ahora es el principal vocero de los grupos de ultraderecha.
En la intervención que comenta Fidel Castro en el artículo publicado el pasado miércoles, Cheney felicita a Obama por haber dispuesto un aumento significativo de la presencia militar estadounidense en Afganistán, y califica como inteligente su decisión de no presentar al público fotos en las cuales personal militar estadounidense tortura y comete violaciones diversas contra los derechos humanos en Abu Grahib y en otros escenarios.
Coincidencia entre estadounidenses, diría Obama. En realidad, es un reconocimiento por las concesiones que hace el nuevo presidente al sector guerrerista.
Poco antes de tomar posesión en enero pasado, Obama calificó a George W. Bush como un hombre bueno, que ama a su familia y a su país, y la prueba de que no fue una frase puramente protocolar está en sus gestiones para impedir que Bush y el resto del equipo guerrerista sean condenados judicialmente y que reciban el repudio de la opinión pública mundial por sus acciones contra la humanidad. ¡De veras las considera acciones de amor!
Por eso, escogió a Joe Biden como compañero de boleta. Dicho en forma más precisa, no tuvo reparos en asumir el compromiso de completar con Biden la boleta del Partido Demócrata.
El actual vicepresidente, igual que su antecesor Dick Cheney, es hombre de pocas apariciones públicas pero que siempre anda en gestiones que favorecen los intereses de la ultraderecha.
Hace apenas tres días, Biden llamó por teléfono al presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez para tratar temas sobre todo económicos.
De economía hablaba Cheney en las reuniones del Grupo de Desarrollo de la Política Energética Nacional, NEPDG, por sus sigas en inglés. ¡Y desde el año 2001, ese grupo comenzó a elaborar recomendaciones sobre la necesidad de la agresión imperialista para apropiarse del petróleo del Oriente Medio!
Biden, quien apoyó desde el Comité de Relaciones Exteriores del Senado la agresión contra Iraq y proclamó que era necesario desmontar el régimen de Sadam Hussein y que esa acción de guerra había que hacerla en nombre de la paz, ahora habla de economía con un presidente de ultraderecha en América Latina. ¡Justo con el presidente cuya mal llamada Política de Seguridad Democrática ha multiplicado los asesinatos de civiles con el fin de presentarlos luego como comandantes guerrilleros.
Cheney es el vocero de la ultraderecha y es muy probable que dentro de unos años, lo sea Joe Biden, pieza del acuerdo de Obama con la ultraderecha… Portadores del garrote.

