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Juventud violenta

Juventud violenta

Para poder prevenir la delincuencia, se necesita mejorar en el acto las condiciones de vida en los barrios. La miseria y el abandono de la esperanza son la locomotora central donde comienza a tomar forma la violencia.

En los barrios, la gran mayoría quiere estudiar y trabajar. Se le obstaculiza el camino de los estudios, en la mayoría de las veces por las precarias condiciones económicas en que viven.

El trabajo, con escolaridad casi nula, es difícil de conseguir. Hasta para ser un “echa días” se necesita cierto grado de escolaridad. El analfabeto, duro es decirlo, va siendo excluido de la vida diaria.
Hay que reducir la delincuencia, pero para ello también hay que hacer planes a corto y a largo plazo. Independiente de que el que viole la ley debe pagar por sus hechos.

Prevención es una cosa, y la inmunidad y dejar pasar es otra. Cuando no hay acción de prevención del delito, el crimen se desborda y ante el temor de la ciudadanía, solo queda halar del gatillo.

A corto plazo, la violencia de las pandillas tiene que ser contrarrestada con el mismo poder de fuego. No se puede atar las manos de los agentes actuantes, si los atacan tienen que defenderse.

Pero nunca, por capricho o ligerezas, la norma debe ser el intercambio de disparos. Primero se deben agotar todos los instrumentos de presión, antes de pensar en el disparo que ponga fin a una acción policial.

También se debe respetar la integridad física de las personas acusadas de un delito, debido a que la tortura o la muerte no están validados por el Código Penal y la Constitución.
Tampoco quiere decir que se tenga un guante de seda para tratar con la delincuencia. El que viola la ley debe saber las consecuencias del pago de sus acciones. Aunque siempre pensando en la presunción de inocencia.

A largo plazo, hay que pensar en soluciones permanentes, donde en vez de la pandilla los muchachos de los barrios piensen en la escuela y las actividades deportivas y culturales. Hay que comenzar en trabajar esa mejoría sustancial de los niveles de vida de los marginados.

Hablamos de los excluidos porque la casi totalidad de los ejércitos del crimen son muchachos de baja escolaridad que salen del corazón del barrio, los cuales deben ser rescatados, si a largo plazo se piensa en reducir los índices de violencia.

Si no hay alternativa a los niveles paupérrimos de vida de la sociedad, los jóvenes seguirán siendo rebeldes violentos sin causa.

Por: Manuel Hernández Villeta

El Nacional

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