Opinión

La amenaza es del Rey

La amenaza es del Rey

Hay amenazas cuyo origen está por encima de sus autores aparentes.  Los reyes disponen de instrumentos para intimidar; así como de formas de hacerlo por detrás. Tienen sus cortesanos y pueden pagar los “abogados del dólar” que lo hacen.

Cortesanos comprados, con licencia para robar y agredir. Abogados de lo podrido. Ambos hacen de instrumentos, sobre todo cuando  al Monarca no le conviene pasar a primer plano, pero sí intimidar a otros poderes temporalmente fuera de control.

Un tema sensible es la herejía contra el poder endiosado, la “insolencia” de “opinadores” audaces y valientes, a través de medios de gran alcance. Y muy especialmente la crítica aguda y veraz con evidencias contra el Rey.

Entonces el cortesano sobornado es usado dentro de una supuesta “iniciativa particular”, procedimiento necesario cuando la causa no solo es  impopular, sino además delicada; y cuando el mecanismo útil es improcedente e infundado, no propio de un “estadista”.

Entonces hay recurrir al instrumento “quemado”, que no paga costo político por hacer llegar soterradamente la intimidación de fondo a sus destinatarios, más o menos con esta lectura tácita: “señores del dinero, propietario de una parte del país, déjense de darle sustento a la herejía, recuerden que el Estado soy yo y que mi Corte es poderosa, tengan presente que puedo perjudicarles y no simplemente a través de una sanción judicial inviable, pues dispongo de medios mas eficaces y ustedes lo saben”.

Ciertas voces dignas pueden ser insobornables, pero las grandes fortunas no.

 Esa fue  la nueva apuesta del monarca, que al poner a uno de sus perros de presa a amenazar con morder a quienes considera fuente propicia para estrangular la insolencia  y la herejía en su contra, persigue lograr a mediano plazo y por vía indirecta lo que no se ha podido hacer por otros medios, incluidos los policiales.

La “señal del Rey” quedó en el aire, no importa que el recurso “legal” haya sido “retirado”. El mismo ya surtió sus efectos soterrados, aun con el obligado repliegue del cortesano y su abogado de causas sucias.

Por eso no hay que perderse: el objetivo fundamental no es el perro, sino el amo. Los reyes saben utilizar a sus cortesanos para amenazar, dar “señales”,  replegarse y continuar sus planes estratégicos. Los dejan en la guantera para mandarlos  mas tarde en esa y otras direcciones.

El Nacional

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