El hecho de que México, Estados Unidos y Canadá acordaran poner fin a la alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte, ASPAN, en modo alguno puede calificarse como el inicio de una era de relaciones horizontales. La ASPAN jugó su papel en el afianzamiento de la hegemonía del poder estadounidense. Hoy, la acción de las bandas militares y el alto nivel de corrupción de las instituciones oficiales, constituyen pretextos para la injerencia en México. En el caso de Canadá, el compromiso de colaborar con la estabilidad del sistema se renueva en el marco de la crisis financiera global.
La ASPAN tiene sus antecedentes en la propuesta de los asesores de Bill Clinton de llevar al plano militar la alianza política y económica con México, y en la llamada Sociedad para la Prosperidad, integrada por grandes empresarios de ambos países y auspiciada por los presidentes George W. Bush y Vicente Fox.
Algunos analistas llaman la atención sobre una reedición en México del mal llamado Plan Colombia.
En artículos publicados durante los últimos meses en La Jornada, Carlos Fazio dice que esto se concreta en la llamada Iniciativa Mérida, y presenta como prueba la visita del jefe de Estado Mayor Conjunto, Michael Mullen. Considera, por tanto, que es dirigida la propaganda en torno a las acciones de grupos violentos como los Zetas.
Cuando, a finales de la década de 1990, representantes civiles y militares del poder estadounidense propusieron convertir en Plan América el mal llamado Plan Colombia, la aplicación de la propuesta ya había sido encaminada. La Iniciativa Mérida, el Plan Puebla-Panamá y la identificación de la Triple Frontera (la que comparten Paraguay, Brasil y Argentina) como refugio de grupos insurgentes, son recursos de injerencia que se combinan en cada coyuntura.
La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca puede facilitar la revisión de algunos aspectos de la política exterior estadounidense que han caído en anacronismo, pero no es el inicio del cambio político. No cesan con Obama y su equipo los proyectos de injerencia y los planes de intervención hacia los Estados de América Latina.
Esto último hay que destacarlo. No es casual que entre marzo y abril visitaran México, primero el comandante Michael Mullen, jefe de Estado Mayor Conjunto; la nueva secretaria de Estado Hillary Clinton, y el propio Barack Obama.
Michael Mullen, como militar y como sustentador del concepto Estados fallidos, fue el adelantado de Obama y de Hillary, y el adefesio se alcanza a ver: en medio de la violencia, Estados Unidos ofrece apoyo militar a México y pide carta abierta para intervenir en determinados asuntos de Estado. ¡Vaya salvadores!
En el combate al Ejército Zapatista de Liberación Nacional y al Ejército Popular Revolucionario, Estados Unidos ofreció apoyo al Estado mexicano. La Escuela de las Américas entrenó los Grupos Aeromóviles de Fuerzas Especiales, Gafes, y los Grupos Anfibios de Fuerzas Especiales, Ganfes, de los cuales salieron los Zetas, grupos cuyos servicios se disputan organizaciones de la droga como el Cartel del Golfo y el Cartel de Sinaloa.
Tienen, pues, un origen común, los equipos de contrainsurgencia de la zona y los brazos armados de los carteles de la droga, aunque el dato sólo es útil para alimentar la memoria y para identificar a quienes ahora se presentan como redentores.
Vale destacar que tienen también origen común el Plan Colombia y la intención de Estados Unidos de convertir las fuerzas militares mexicanas en apéndices de su propio Ejército.
La ASPAN, ideada por George W. Bush, puso bajo la misma denominación la seguridad nacional de Estados Unidos, México y Canadá, y extendió a Norteamérica el difuso y retorcido concepto de terrorismo creado en Washington. Todas las decisiones sobre la ASPAN fueron tomadas también en Washington. El poder estadounidense recorta, elimina o rediseña la ASPAN, porque tiene a su disposición otros engendros… Igualmente abominables, por cierto.

