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La Contraloría

La Contraloría

José Medina Fleury

La Contraloría General de la República y la Cámara de Cuentas son las instituciones, que por sus funciones, se pueden considerar las más delicadas entre las entidades con que cuenta la burocracia estatal, toda vez que ambas tienen que lidiar de manera responsables y transparentes con los recursos que el Estado eroga a las demás entidades.
Ambas son organismos creados como estructuras de control moral y ético de los funcionarios con responsabilidad administrativa o de manejo de los recursos del erario.
La Contraloría fiscaliza bajo el amparo de la Ley 10-07 que la acredita como órgano rector del Control Interno, mientras la fiscalización de la Cámara de Cuentas es al amparo de la Ley 10-04.
Ahora bien, en la Contraloría esa responsabilidad no solo atañe a sus funcionarios, sino también a todos sus colaboradores, quienes al ser contratados se les imparte una serie de inducciones o capacitaciones a fin de que obtengan los conocimientos básicos de los servicios que ofrece a la sociedad.
Sin embargo, allí hay servidores que son recomendados por un jorocón del gobierno y creen que eso les da luz verde para evadir sus responsabilidades, asumir un comportamiento medalaganario
Y que están por encima de los demás compañero de trabajo.
Así las cosas, vemos que en la Contraloría hay servidores que nunca han tomado una capacitación, esos mismos tampoco han cumplido con la responsabilidad del horario de trabajo (botellas), esos mismos ignoran la Ley que califica a la Contraloría como órgano de Conrol Interno, como también ignoran las herramientas de que dispone la entidad para aplicar ese control, para ellos es meramente una oficina pública más.
Por tanto, esos “servidores” no pueden ni han aportado un grano de mostaza a la eficientización a la calidad del servicio.
Por esa razón, exhorto al señor contralor, Luis Delgado S. a que lupa en manos y departamento por departamento investigue y detecte esos ornatos incubados en la Contraloría, porque de que los hay los hay, porque no podemos permanecer callados, porque si permanecemos así nadie escuchara nuestro silencio.

El Nacional

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