Opinión

La credibilidad de la JCE

La credibilidad de la JCE

Aunque la sociedad tiene una valoración muy alta sobre el desempeño de la Junta Central Electoral, la realidad es que las mediciones se hacen en coyunturas especiales y es posible que, sin proponérselo, sus miembros tengan que hacer el papel de cirineos y ayudar en su carga al Tribunal Superior Electoral.

Los yerros y sentencias tendenciosas del TSE podrían salpicar a la JCE en virtud de que la sociedad no se ha acostumbrado a la separación de los mismos y aún los vislumbra como un todo.

A esto hay que agregar que la estrategia de los miembros de la JCE y sus asesores en comunicación no fue la correcta al momento de gestionar un incremento en el presupuesto para el año actual.

Presionar con el cierre de oficinas, cuya clausura había sido recomendada por los técnicos de la JCE, y un segmento importante de la sociedad, dado lo infuncional y costosas que salían para los contribuyentes, fue una jugada desacertada que no caló en la opinión pública. El Gobierno le ganó la partida.

Ahora que hay voces disidentes en el Pleno, la situación podría cambiar para los miembros de la JCE que deben ser cautos en su comportamiento y transparentes en sus decisiones.

Dado que el TSE nació torcido, la JCE debe procurar alejarse de las decisiones que allí se tomen, a fin de que la contaminación que produce la radiación que allí se genera no lo absorba.

Pero también la JCE debe manejarse con cuidado ante la sociedad, porque es difícil justificar programas de becas millonarias a personas ajenas a la institución, cuando las oficinas no disponen de plásticos para expedir la cédula de identidad que demandan los ciudadanos.

La JCE debe sacudirse y sus miembros reflexionar, porque la coyuntura del presente dista mucho de la del pasado.

El Nacional

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