Todo lo referente a las relaciones entre los haitianos y los dominicanos se debe tratar con la mayor transparencia posible. La República Dominicana no tiene nada que buscar en la guerra civil de baja intensidad que sufre el vecino país.
La solución debe descansar en la buena fe y la acción de las grandes potencia. Hay dejadez e indiferencia cuando se trata de buscar salida a los problemas de sangre y falta de institucionalidad que sufre Haití. Los organismos internacionales hablan, pero no ejecutan acciones de paz.
Desde hace tiempo las grandes potencias abogan porque la República Dominicana sea parte de las soluciones a esa insalvable crisis haitiana. Los dominicanos nada tienen que buscar en esa ecuación.
Los Estados Unidos, Francia y Canadá pueden solucionar los problemas haitianos en un abrir y cerrar de ojos, pero esas soluciones no figuran en su agenda de trabajo.
Pasa lo mismo con las Naciones Unidas, que se cansa de amagar sin dar el golpe sobre la mesa que necesita para las soluciones. Por demás la ONU salió mal parada con su anterior fuerza interventora, que sólo sirvió para dar paso al presente caos.
Algunos de sus voceros plantean ahora que terrenos fronterizos dominicanos podrían servir para eventuales campamentos de refugiados y hasta de centro de acopio para una fuerza de intervención rápida.
Establecer esos campamentos de refugiados sería aumentar el número de indocumentados en el país, aparte de que República Dominicana entraría de lleno a ser parte importante en la situación de anarquía e irrespeto a los derechos humanos, y sobre todo a la preservación de la vida.
Tarde o temprano los organismos internacionales y las grandes potencias propiciaran salida al caos haitiano, y en ese momento los dominicanos se tienen que apartar, porque nada beneficioso lograrían.
Si se tiene que mantener la política de deportación de indocumentados. Poco importan las presiones de la ONU e instituciones periféricas. Los que carecen de documentos legales, no pueden estar en territorio nacional.
Hay dominicanos que desean la libre entrada de indocumentados, porque solo valoran que es una mano de obra no calificada que trabaja en condiciones de virtual esclavitud.
El panorama de los indocumentados se puede palpar en bajos salarios, jornadas de trabajo sin horario, carencia de seguros médicos y viviendo en barracones inmundos. El haitiano es víctima de su creencia de que en dominicana estaría mejor que en su país.
Por: Manuel Hernández Villeta

