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La cruzada de las  mujeres

La cruzada de las  mujeres

¿Por qué es que las organizaciones de microfinanciamiento comúnmente enfocan su ayuda a las mujeres? ¿Y por qué es que todos se benefician cuando las mujeres se introducen en la fuerza laboral y vuelven a sus hogares con un salario?

Una de las razones involucra el pequeño gran secreto de la pobreza mundial: en ocasiones los mayores sufrimientos no son causados por los bajos ingresos solamente sino también por pésimas decisiones a la hora de gastar –especialmente decisiones tomadas por los hombres.

Con una frecuencia sorprendente nos hemos topado con mujeres en duelo porque ha muerto un hijo de malaria por falta de atención, por un medicamento o una cama que cuesta alrededor de cinco dólares (RD$ 195.00);  la madre dice que la familia no puede pagar, pero al poco tiempo hallamos al padre en un colmadón.

Acude ahí tres veces por semana y gasta por lo menos cinco dólares cada semana.

Nuestras entrevistas y nuestro análisis de los datos disponibles sugieren que las familias más pobres del mundo gastan aproximadamente diez veces más (veinte por ciento de su ingreso total en promedio) en una combinación de alcohol, prostitución, dulces, bebidas endulzadas y grandes comilonas que lo que gastan educando a sus hijos (dos por ciento en promedio). Si las familias pobres gastaran por lo menos lo mismo en educar a sus hijos que lo que gastan en cerveza y prostitución, se abriría un nuevo panorama para el futuro de los países pobres.

Las niñas serían las más beneficiadas, ya que son ellas a quienes se deja en casa en lugar de mandarlas a la escuela.

 Más aún, una de las maneras de modificar el gasto familiar en este sentido sería poner mayor dinero en las manos de las mujeres.

Una serie de estudios ha concluido que cuando las mujeres son quienes poseen el capital o perciben un salario es más frecuente que el dinero se gaste en nutrición, medicina y alojamiento y, por consiguiente, los hijos viven mucho más sanos.

En Costa de Marfil un proyecto de investigación estudió los diferentes productos que hombres y mujeres cultivan para sus fondos privados: los hombres cultivan café, cacao y piña, y las mujeres plátano macho, plátanos, cocos y vegetales.

Algunos años los “cultivos de los hombres” tienen buenas cosechas y los hombres están llenos de dinero, y otros años las mujeres son quienes prosperan.

 El dinero de alguna manera se comparte. Pero la economista Esther Duflo de MIT encontró que cuando las cosechas de los hombres son abundantes, la familia gasta más en alcohol y tabaco; en cambio, cuando les va bien a los cultivos de las mujeres, la familia gasta más dinero en comida.

“Cuando las mujeres tienen mayor poder, la salud y la nutrición de los hijos mejora”, dice Duflo.

Este tipo de investigaciones tiene implicaciones muy concretas. Por ejemplo, los países ricos que donan a estos países pobres deberían empujarlos a ajustar sus leyes para que cuando un hombre muera su propiedad pase a manos de su viuda y no a manos de sus hermanos.

Los gobiernos deberían facilitar la apertura de cuentas y la adquisición de propiedades a las mujeres –sólo un uno por ciento de los propietarios de tierra en el mundo son mujeres–,y deberían hacer las cosas más fáciles para que las organizaciones de microfinanciamiento se establezcan en su territorio para permitir que las mujeres ahorren.

Ayudar a las personas es mucho más difícil de lo que parece. Los experimentos de ayuda muchas veces se descarrilan. Aun así, hemos visto también, tanto empíricamente como en las estadísticas, que hay evidencia para decir que algunos tipos de ayuda han sido enormemente efectivos. La entrega de vacunas y otros tipos de ayuda sanitaria han ido reducido anualmente el número de muertes en infantes de cinco años de edad o menores hasta llegar a 10 millones hoy, contrario a los 20 millones de muertes en 1960.

En general, la ayuda extranjera parece servir más cuando se enfoca en la salud, la educación o el microfinanciamiento (aunque el microfinanciamiento ha sido un poco menos efectivo en África que en Asia). Y en cada caso, de manera determinante, la ayuda ha servido mucho más cuando está dirigida a las mujeres y las niñas; cuando los burócratas hacen cuentas, reconocen que estas inversiones sí tienen un rédito económico neto.

Sólo una parte muy pequeña de la ayuda está dirigida a las mujeres y las niñas, pero con mayor frecuencia los donantes se dan cuenta de que es ahí donde obtienen más por sus monedas.

El Nacional

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