Opinión

La deleznable condición humana

La deleznable condición humana

Hoy sigo  creando conciencia sobre la urgencia de profundizar en la educación. Sin una buena educación, detendríamos la  base que ya tenemos, aunque los irracionales lo niegan por inconciencia o necedad politiquera.

Sobre la drogadicción, resultan impotentes los esfuerzos del  Procurador General y el presidente de la Suprema Corte de Justicia. Me duele decir esta realidad, pero hay trabajos que obligan a fortalecer estrategias. Es más, decía Enmanuel Kant que el hombre está hecho de madera torcida. Yo rechazo esta sapiencia, porque hay hombres y mujeres que no hemos ensuciado la imagen de departamentos amigos, familias, partidos ni gobiernos, trabajando docenas de años en todas las áreas, desde muchacho. Perdónenme, no soy jubilado ni empleado para poder hablar, después de haber trabajado como un animal más de 40 años, quedando sin fortuna, ni villa, sin aviones ni fincas, pero todavía dispuesto, con entusiasmo  de seguir ayudando el proceso y el país, sano. Voy a hacer público algo inaudito que nos acaba de ocurrir. ¡Cuánta perversidad por envidia!

El suscrito y  familia y la del ingeniero Francisco Aquino García, técnico especializado en Israel, y nuestro equipo de Los 99, al que  Balaguer le dedicó larga ponderación en el Congreso Nacional cuando rendía cuentas, en honrosa visita que hiciera a mi casa  el presidente Leonel Fernández,  hace dos años, nos juramentos para ayudar el proyecto político de don Leonel. Comenzaron células envidiosas inventándose la grosera mentira, de que estábamos enfermos y desahuciados, y otras inventivas de  envidiosos, ya que nuestra conducta privada y pública es transparente, sin villa ni aviones, sin riquezas cuestionables,  podrían ocupar algún espacio político de algunos aspirantes de los que siempre sobran cerca de la silla de alfileres. Afortunadamente,  la salud nuestra y la del colega Aquino han sido más que buenas y revisada siempre; donde nunca  hemos enfermado, a Dios gracias. Hace 4 años, a mi nieto lo atendíamos en Miami por una dolencia delicada, y aprovechamos para chequearnos  con el famoso médico Pedro Yaneza y su equipo, y  cuando me trajeron los resultados  Yaneza le dijo a mi esposa, doña Gisela, que yo estaba como un niño. “Si no lo queremos vivo a los 90 años, lo tendremos que matar a palos”, bromeó.

La respuesta a los envidiosos fue entregarnos en cuerpo y alma ayudando a la política del Presidente; a propósito, casi solo, porque éramos los que más escribíamos e íbamos a programas y viajes por el interior. Nos detuvimos bastante en la provincia Espaillat y levantamos allí la política del jefe del Estado y dejamos ganado al nuevo senador José Rafael Vargas. ¡Dios mío, lo que son algunos humanos y supuestos políticos!

El Nacional

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