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La delicada misión  de educar en agosto

La delicada misión  de educar en agosto

Llegó agosto, y con él, el calor más sofocante y el apagón más prolongado…

Pero, la motivante y bulliciosa fecha del inicio de clases de nuevo. Se renueva la ingente tarea de instruir y, sobre todo, de educar a cientos de miles de mentes infantiles y juveniles.

“Instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un Evangelio vivo”, esculpió e bronce el ilustre educador, José A. Saco, insigne maestro antillano.

Es la mayor inversión y de más calidad que hace la población educativa.

El educando constituye el elemento primordial de toda la gestión educativa. Es poseedor del derecho fundamental a la educación sus padres, que ejercen ese derecho, son los máximos responsable de la educación de sus hijos. Y todas las demás estructuras giran en torno a ellos y sus derechos se les subordinan.

En función de los educandos surgen los educadores: Maestros, Profesores, Orientadores, Empresas Educativas y hasta los libreros e impresores de opúsculos instructivos.

Y, claro está, la Escuela Pública y la Escuela Privada.

El Estado tiene la gran obligación de producir toda la estructura humana y física que satisfaga la necesidad y el ansia del saber del escolar y la formación del futuro ciudadano.

La empresa educativa privada tiene que estar consciente de que todo el conjunto de sus actividades se enmarca en función del escolar cuyos padres, por derecho secundario le confían el desarrollo normal de la mente de sus hijos.

Por eso, el colegio privado no puede satisfacer su “afán de lucro” como otra empresa económica cualquiera. El colegio privado tiene la obligación de consultar con los padres de sus alumnos la tarifa de las matrículas escolares. Tarifa que no puede, sin proporción y sin justificación, aumentar cada año.

Y no solo la matrícula sino también el precio de los textos escolares. Y que estos no cambien de un año a otro para que alumnos menores puedan servirse de los textos de los mayores. Y puedan, ya usados, servir, a menor precio, a los alumnos de menos ingresos. Y en su medida también los uniformes.

A la Secretaría de Estado de Educación, dirigida esta vez, por un experimentado maestro y denodado luchador gremialista, el licenciado Melanio Paredes, toca llevar a cabo, con vigor y entusiasmo, la realización de un nuevo Año Escolar en las Escuelas Públicas.

Y también la supervisión detallada, pero, sin injerencia violatoria de su derecho, de los Colegios Privados.

El Nacional

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