Que la educación sea tema de noticia para la prensa puede ser bueno y puede ser malo. Bueno sería que se informase sobre planes de formación y capacitación de los maestros del sistema público, como bueno sería que se diera a conocer que no ha quedado ningún niño fuera de las aulas, o que en cada localidad del país los planteles escolares son las edificaciones mejor estructuradas y mejor presentadas.
Pero la realidad, lamentablemente, es otra. Y las noticias que se nos ofrecen sobre la educación no resultan agradables. La asignación de más recursos para este sector fundamental parece ser un reclamo de la sociedad en general, pero algunas respuestas revelan que no es así.
En lo inmediato, el sistema educativo nacional seguirá caminando a paso lento. Pero nadie deberá dudar mínimamente que mejorar la calidad de la educación es un requisito para mejorar la calidad del pueblo dominicano en todos los sentidos.
El papel que ejerce la educación para forjar a las personas, puede percibirse en el comportamiento de todos nosotros en la sociedad, en la relación con la familia, con los vecinos, y sobre todo para la realización de nuestro trabajo.
El desarrollo de una sociedad depende de la calidad y la dedicación del trabajo de cada ciudadano apto para ello, y es obvio que la calidad del trabajo depende de la calidad de la educación.
De esta concepción estamos plenamente convencidos quienes dirigimos la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Y por eso asumimos con fe y firmeza la decisión de preparar recursos humanos conforme lo demanda la sociedad en cada etapa de nuestro discurrir.
La Universidad no puede permanecer indiferente a la realidad que afecta al pueblo, no puede callar. Bueno es precisar, sin embargo, que de ningún modo nuestra filosofía incluye incitación a la subversión, pero es necesario plantear los problemas y señalar las posibles soluciones, que es el trabajo que realizan nuestros investigadores.
Nuestra expresión de inconformidad con las situaciones irregularidades que disminuyen al pueblo calidad de vida y sanidad espiritual, la expresamos en el reforzamiento de nuestros programas de investigación, mediante los cuales enfocamos los asuntos de mayor interés en materia de salud, alimentación, medio ambiente, producción de alimentos o fortalecimiento de las instituciones sociales.
La educación del postgrado tiene importancia capital para nosotros.
Nos anima la confianza de que la investigación es el instrumento ideal para la renovación y renovar es una forma de ser revolucionario.
La investigación otorga suficiente autoridad para juzgar con justeza los actos políticos y por tanto siempre habrá de sacar a relucir los privilegios y las injusticias que se dan en ese ámbito.
Es además, un arma contra las injusticias económicas, contra los mitos y los dogmas y contra todo propósito de impedir el conocimiento pleno de la verdad en el campo que se trate.
Los cambios y evolución de las ideas, en filosofía como en economía, en salud como en derecho, son posibles gracias a la gestión de quienes se ocupan de la búsqueda y comprobación de conocimientos actualizados. Los espíritus conformistas no están llamados a ser investigadores. La investigación obedece a una capacidad de aventura y hasta de rebeldía, es una demostración de inconformidad con lo que hay.
El investigador es un opositor de la rutina y algunos de ellos lo pagaron muy caro, como Galileo Galilei, por ejemplo. La inconformidad es una condición muy propia de quienes se ocupan de la ciencia, y los resultados de su trabajo, aunque produzcan escozor en algún momento, a la larga, la humanidad los reconoce y venera, como ocurre, con Isaac Newton, Luis Pasteur, Sócrates y Albert Einstein, entre tantos.
El postgrado deviene en un gran aliado de la investigación, pues resulta imposible acceder al mismo sin aplicación de los beneficios del aprendizaje para la búsqueda de nuevos conocimientos. Es imposible un título de postgrado sin afrontar la responsabilidad de una investigación con la seriedad que esto conlleva.
Los cambios sucesivos que ocurren en las ciencias y en la tecnología, de hoy, imponen a los profesionales de este tiempo el requerimiento de actualización y perfeccionamiento, también constantes, en los conocimientos de sus respectivas áreas, porque de lo contrario, corren el riego de quedar marginados, o peor aun, inutilizados.
Contribuir con la adecuación de los conocimientos a esos cambios, a esas innovaciones, motiva a nuestra comunidad de investigadores a mantenerse con los ojos y los oídos en alerta para analizar problemas que afectan a nuestra sociedad.
Por eso es lamentable que la educación sea objeto de malas noticias.

