En 1990, Alvin Toffler publicó su libro titulado Powershift, Cambio de Poder en español, en el cual, tomando como base la leyenda japonesa que define el poder con los elementos de la espada, (violencia), la joya (dinero) y el espejo (el conocimiento) desmenuza cada uno para afirmar que, mientras la espada tiene el límite del uso de la violencia para conseguir el objetivo sin destruir lo que se quiere, el dinero no puede comprar todo y hasta cierto punto la cartera puede quedar vacía, el conocimiento o la información no tiene límites, siempre puede generar más.
Concluye que es ésta la razón por lo que el control del conocimiento o la información será crucial en la lucha de poder e indicará el gran cambio en los años por venir. Es el poder cualitativo. Al hacer referencia al poder de los medios, Toffler utiliza la reacción de los medios estadounidenses por los comentarios irónicos provocados cuando a principios de los 80 a Ted Turner se le ocurrió un canal por cable con noticias las 24 horas. Le llamaron Chicken Noodle Network. Wall Street apostaba a su colapso financiero. Sin embargo, hoy, casi 30 años después, Cable News Network, CNN es probablemente el canal de noticias más influyente del mundo.
Joaquín Estefanía, economista, periodista y escritor español, en su libro El poder en el Mundo, al referirse al poder de los medios de comunicación y de sus informadores afirma que la verdad medíatica ha sustituido a la verdad auténtica Para Estefanía, el papel de los intelectuales ha quedado subsumido en los medios porque son los medios de comunicación los que dictan quiénes son los intelectuales.
Y como para confirmar ese poder con ejemplos cita las guerras del Golfo, a principios de los 90 o la de Kosovo, a finales de la misma década que se jugaron tanto en el terreno de los medios como en los escenarios del combate. Fueron guerras virtuales o medíaticas en la misma medida que combates bélicos. Guerras televisadas. (Habría que agregarle la caída del famoso muro, Yeltsin y los tanques, las protestas en China).
El autor establece una nueva división de clases en relación con la información y no en relación con la riqueza: los desinformados, los sobreinformados y los simplemente informados.
Esta nueva realidad del poder de los medios de comunicación y de sus informadores y la concentración de la propiedad en manos de quienes pueden realizar las inversiones adecuadas que le permitan mantener el poder adquirido es un tema de debate de los estudiosos del tema del poder.
Parecería que el país dominicano no ha sido excepción en el proceso con la concentración en la propiedad de los medios por un lado y la influencia de los periodistas y/o informadores por el otro que también incluye el ascenso económico. Esto último se evidencia cuando en un robo domiciliario a un periodista, se desvanece una respetable cantidad de dinero y ¡caramba, qué casualidad, joyas y armas!
Sin ninguna duda, también parecería que la reciente campaña electoral estadounidense sería un buen ejemplo del poder mediático al que se refieren estos pensadores.
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