Opinión

La fiera mató a mi hija

La fiera mató a mi hija

Diez largos días de agonía llevaba Victoria Margarita en el hospital.  Estuve sembrada a su lado en la sala de cuidados intensivos; le hablaba, la miraba, la tocaba, deseando regresarla a mi útero. 

Qué doloroso recuerdo: nadie se atreve a decirme nada, pero son innecesarias las preguntas porque percibo el terrible desenlace. Veo cómo el cuerpo de mi hija se llena de líquido desde las piernas hasta los pulmones, veo cómo los médicos le introducen tubos y más tubos, y con mi impotente mirada deseo abrazarla para protegerla de la agresión. 

Victoria Margarita, una mujer fuerte, tenaz, alegre y hermosa, que al mirarla a los ojos uno podía tocar la vida. A los 23 años se casa, enamorada, y rodeada de esa nebulosa a la que solo nos sumerge el amor y la juventud.

Lo intenté muchas veces, y nunca me hizo caso. Le repetía que ese hombre no le convenía.  “Mami, no puedo vivir sin él”, respondía.

Al nacer Diego, su hijo, deja de trabajar, para cuidarlo. Pero en su vida doméstica se acumula el miedo y el silencio.  “No puedes engañar a tu madre, conozco esos ojos mejor que tú”, le replicaba muchas veces.

Una tarde, mis ojos se clavan en sus brazos, al quitarse el chaleco. Llenos de moretones, eran la manifestación palpable de su resignación. Intenta justificar a su agresor.  “Antes de empezar a hablar, ya sabía que ibas a mentir”, pensé.

Pero la muerte se la avecina. Al regresar al trabajo, después de que el niño ingresa al preescolar, sella su suerte. En las mañanas, al arreglarse para el ir al trabajo, su marido la acusa de infidelidad. En el pasillo del hospital, comentan sus amigas que  la llamaba a menudo para preguntarle ¿qué haces?, ¿con quién estás?, y que si en su hora de almuerzo decidía comer en la oficina, el marido le reclamaba “las mujeres casadas salen con su esposo”.

Hasta que un día, ese hombre apagó la vida de mi hija. Borracho, llegó vociferando, la agarró por el pelo, y le gritó: “Puta, levántate, llegó el hombre de esta casa y tiene hambre”.  Asustada, Victoria Margarita se levantó por última vez, confiando en que su silencio calmaría a la fiera.

Con un brazo carga al niño, que despierta llorando, y con  el otro prepara la comida de la fiera.   De repente, la bestia borracha la golpea, y  con toda su fuerza la arroja a la pared.

Mi hija nunca despertó de esa pesadilla. Con mi amor intenté devolverla a la vida, pero ella  nunca volvió a levantarse. La causa de su muerte, según los médicos fue un “Trauma craneoencefálico”. Pero ni los médicos ni la Justicia ni la sociedad le diagnosticaron la verdadera causa de su muerte: feminicidio.

El Nacional

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