Mi llegada a una posición pública generó las naturales reacciones de gente que actúa con virulencia ante el avance de los otros. Transcurrió el tiempo y, en la medida que avanzó mi ejercicio de consultor jurídico de la Presidencia, escuché toca clase de inventos que comenzaban con imputarme un hotel en Cuba hasta proteger a personas asociadas a las peores actividades ilegales.
Recuerdo un comentario de Hipólito Mejía antes de ingresar a un consejo de gobierno, y me dijo: Guido, no creas que tus enemigos están en otros partidos. Es aquí (señaló con su dedo a miembros del gabinete) donde se aposentan tus verdaderos contrarios. Con el paso del tiempo me enteré que gente muy cercana a la administración pagaba periodistas con la intención de hacerme daño y estoy convencido de que parte de la población compró esas leyendas urbanas. Afortunadamente, el tiempo pone todo en su lugar.
Decidí organizar un programa de radio y el 26 de julio del 2004, Héctor José Torres me abrió su emisora. Escuché olímpicamente a gente decir que era el propietario y la adquisición obedecía un plan estratégico para defenderme frente a mi potencial ingreso a Najayo. Dos o tres amigos me recomendaron enfriarme.
Agradezco a Virgilio Almánzar que me acompañó desde los inicios y a Pedro Castillo que pagó los primeros meses del programa Conversación al Mediodía.
Con Castillo guardo relación porque su hermano Juan está casado con Carolina y su madre, doña Sonya, me trata con singular decencia. Lo cito por su nombre debido a las dificultades que enfrenta y en un país de ingratitudes y olvido, es bueno mantener presente la mano solidaria.
Además, recuerdo que Peña Gómez me envió en ocasiones a recoger la colaboración del fundador de un banco en el que, tras la muerte de su principal ejecutivo, Pedro Castillo asumió la posición de mayor jerarquía. Ambos se portaron muy bien conmigo.
La desgracia tocó mi puerta el 24 de abril del 2008: murió mi hijo. Ningún padre está preparado para la pérdida de un hijo. Muchos me dieron la mano y la lista es interminable. Cuando abrí los ojos después de recibir la noticia encontré en mi habitación a Hipólito Mejía ayudándome con los preparativos de ir a buscar a mi hijo. Luis Álvarez habilitó un avión para traer el cadáver del niño y todo el gesto de solidaridad durante ese proceso tan terrible tiene mi gratitud.

