El doctor José Enrique Aybar, dentista que ejercía en la zona colonial de Santo Domingo, era un tenaz opositor a las aspiraciones del general Rafael L. Trujillo. Pertenecía a la Alianza Nacional Progresista, integrada por seguidores de Horacio y de Federico Velásquez, con la manifiesta intención de detener la ascendencia al poder del militar convertido en político.
A mediado de abril de 1930, la Alianza celebró una concentración en el parque Colón, donde el principal orador fue el doctor Aybar, quien pronunció un estruendoso discurso contra Trujillo que mereció estentóreos aplausos de los presentes. Allí hizo famosa la frase No puede ser, que se refería obviamente a la necesidad de evitar la llegada al poder del general Trujillo.
Dos años después, de manera insólita e increíble, el mismo doctor Aybar, se convirtió en un trujillista de vanguardia, que llegó a acompañar a las temibles pandillas que a nivel nacional acosaba a los opositores del futuro dictador.
Aunque hizo del trujillismo un apostolado, al dentista converso le fue difícil ganarse la confianza de los allegados de Trujillo, y mucho menos de los horacistas y velasquistas.
Personaje siniestro y carente de escrúpulos se ganó el apodo de Doctor Geebbels Dominicano, que fuera ministro de propaganda y brazo derecho de Adolfo Hitler.
Fue el mismo doctor José Enrique Aybar quien en 1932 recomendó al dictador la creación de la funesta Guardia Universitaria con el propósito de mantener bajo control a los jóvenes universitarios. De inmediato, Trujillo no acogió la recomendación del sinuoso dentista, porque el régimen consideraba a la juventud estudiantil como semillero de futuros desafectos.
Pero a principios de mayo de 1937, durante un ceremonia militar el Presidente declara abierta al fin la era de mutua comprensión que hará del cuartel y de la universidad centros de preparación comunes, en los que se elaborará el porvenir de nuestra Patria.
La Guardia Universitaria, compuesta por estudiantes y profesores, llevaba uniformes, y tenía himno y bandera propios. Sus miembros, jóvenes y profesores de buena presencia, estaban asimilados a un cuerpo militar y desfilaban al lado del Ejército. El conocido político y hombre público, doctor Leonardo Matos Berridos, fue por largo tiempo de los directivos del grupo.
Era misión del nuevo cuerpo paramilitar informar acerca de lo que dice y piensa cada cual, marchar al paso para intimidar a sus compañeros y organizar los actos de provocación y puestas en escena imaginadas en las altas esferas. Por esa razón, la Guardia Universitaria desempeñaba el papel de una organización modelo para el poder omnímodo del gobernante, y fue bautizado con el nombre de Presidente Trujillo, como respuesta a la política de loas al hombre fuerte del momento.
El cinco de marzo de 1937, la dictadura dio un gran paso en el control político e ideológico de la Universidad de Santo Domingo con la creación de la Guardia Universitaria Presidente Trujillo, fundada por José Enrique Aybar, Max Garrido, Rodolfo Bonetti Burgos, Alfredo Mere Márquez, Héctor Barón Goico, Máximo Llaverías Marty, José María Nouel Simpson, Carlos Cornielle hijo, Rogelio Mañón y otros.
Al ofrecer el dato, Franklin Franco agrega que entre las actividades de la agrupación estaba controlar y vigilar cualquier divulgación de ideas de propaganda disolvente, de teorías y doctrinas desquiciadoras, de prácticas malsanas.
Fue fundada, comenta, como un organismo paramilitar de espionaje y sus miembros, vigilantes, debían estar alertas para imponerse a la fanfarronería disociadora de algún catedrático equivocado, solicitar y obtener su expulsión y reaccionar vigorosamente y frustrar los intentos de quienes, dentro de las aulas o fuera de ellas, pretendían tomarlas como instrumentos para sus viles pretensiones políticas y sus pasiones innobles.

