Supe que Pablo había perdido la guerra cuando mencionó la posibilidad de mudarse. Ya Nino le había prestado un par de tapones para los oídos (de ésos que regalan en los vuelos de más de ocho horas), pero a él no le funcionan y no quiere convertirse en un drogadicto tomando cada noche una y dos pastillas de dormir.
Empero, ¿qué tiene esto que ver con el título del artículo? Es que la guerra de que hablo no es la Revolución de Abril, sobre la cual se ha gastado tanto papel y tinta, y han surgido tantos héroes y heroínas.
Hablo de la guerra que existe desde hace tiempo entre los alcohólicos que permanecen en la Zona Colonial hasta la madrugada, convirtiéndose, a eso de las cinco de la mañana, en versiones dominicanas de La Lupe: ¡Ay, ay, ay!; los hijos de papi y mami, que han descubierto hace unos cinco años que la zona colonial es la zona del futuro, la zona rosa de México o la de Río de Janeiro, el refugio para malos cantantes en búsqueda de escenarios y públicos.
Y sobre todo de malos conjuntos de rock que, para Pablo y yo, que crecimos fuera y conocimos a Jimmy Hendrix, los Rolling Stones, la música de los Beatles y sobre todo la de Janis Joplin, son la peor tortura. Esos empiezan a ensayar en un cuchitril destechado del tamaño de mi vestidor, sin techo, que se llama O´Briens, y la música retumba en el Baluarte.
Luego de impedir que conciliemos el sueño, la jevitada rosa se retira con toda tranquilidad a sus urbanizaciones donde seguro su papi impide la existencia de colmadones, bares o discotecas, como las que padecemos nosotros, y pueden dormir hasta las altas de la mañaña.
Diálogo a las cuatro y media de la mañana: Aló, ¿ustedes son la policía encargada de la Zona Colonial? Sí. /¿Podrían mandar una unidad para que bajen los altoparlantes? Hace horas que no podemos dormir. / ¿Adónde? /En la Hostos, entre Nouel y El Conde
¿Eso ahí es El Sartén?/ Sí, hay un Sartén que se ha cogido la mitad de la acera, y cuando la gente borracha sale de ahí comienza a gritar: ¡Alemán, Alemán (refiriéndose a Pablo), baja de ahí pa caerte a tiros! /Pero esa gente tiene mucho tiempo ahí
Si, pero ahora no son tanto ellos, que ya han bajado un poco la música sino los del Bar O´briens
¿O que?/ O´Briens /Eso es del hijo de Hatuey / ¿Y?
Dígame una cosa ¿hay tiros? /No. / ¿Ta la trompa pendeja? / No / ¿Hay sangre? / No. /¿Entonces?
Es que son casi las cinco y no nos dejan dormir /Pero si no tan matando a nadie /Es que somos nosotros los que vamos a matar a alguien si ustedes no vienen / Ya veo. ¿Su pistola tiene permiso?
Y díganme ustedes queridos lectores
¿Me suicido?

