El debate político de “sustancia” en los últimos 5 años ha cambiado de forma dramática con la adopción masiva de las redes sociales y la dinámica creada por estas. Cuando hace unos años temas como la economía, la corrupción, los impuestos y el comercio servían como el centro del debate político, hoy esto ha quedado de lado abriendo espacio para lo que hoy llamamos “la guerra cultural”.
En la guerra cultural los temas que predominan son la inmigración, el aborto, los derechos de la comunidad LGBT, la religión y la libertad de expresión. Estos temas no son particularmente nuevos, pero el discurso alrededor de ellos se ha tornado extremo y tremendista de paso salpicando temas aburridos como la economía, el comercio internacional y la geopolítica con sus propias dosis de extremismo.
Tomo para mí el ejemplo del tema de Venezuela. Todo el que ha tenido la oportunidad de leerme en los últimos 15 años sabe que siempre que tuve la oportunidad de criticar a Chávez o a Maduro lo hice, y con tanta frecuencia que casi se sentía como una necedad. Fue un ejercicio muy solitario a lo largo de ese tiempo ya que la mayor parte de la opinión pública local favorecía el modo de manejarse del chavismo. Mientras que hoy me siento en la obligación de hacer pausa dado a los extremos en los que muchas personas se montan al momento de hablar sobre Venezuela. Sí, estoy de acuerdo con la salida rápida del chavismo; no, no estoy de acuerdo con una invasión militar a ese país.
Y lo mismo viene ocurriendo con casi todos los temas de relevancia política y en ambos espectros del pensamiento político. Hoy no parecen haber simples desacuerdos, hoy se es “facho” o “progre”, “asesino de bebés” o “teócrata”, “defensor de la agenda gay” u “homofóbico”, “globalista” o “ultra-nacionalista” y un largo etcétera de extremos en una verdadera guerra de culturas.
Puede que antes el filtro de ideas que proveía la prensa tradicional servía como moderador de los pensamientos más extremos que hoy las redes sociales parecen simplificar, y al parecer ya sacamos al genio de la botella sin poder encontrar la forma de volverlo a entrar.
Lo más lamentable de todo este giro de circunstancias, que las primeras muertas en estas escaramuzas terminaron siendo los hechos y la verdad. La facilidad para fabricar mentiras y repetirlas hasta el cansancio desborda la capacidad de cualquier persona consciente de corregirlas. Es por esto que me queda claro, en la medida que sigo leyendo como todas estas ideas siguen siendo vomitadas en forma masiva por las redes sociales, que al final de la guerra cultural todos habremos perdido.

