Extraño país el nuestro, que permite que un intelectual menor de otro país llegue y denueste a sus ciudadanos, como si estos no tuvieran familia. Es lo que acaba de suceder con Piero Gleijeses, un malhumorado y rencoroso intelectual que vino en plena guerra de 1965 a entrevistar a jóvenes enfrascados en una guerra muy desigual, para escribir su libro sobre la gesta de abril.
Precedido de una dudosa reputación, fue recibido con recelo por varios de los dirigentes principales de la gesta, entre ellos Fidelio Despradel, y 47 años después regresa a destilar su rencor de contrariado pequeñoburgués.
Nada importante si no fuera porque regresa cuando despega Alianza País (¿coincidencia?), una fuerza a la que Fidelio ha dedicado los últimos años de su vida y de la cual soy candidata.
Es el inicio de la guerra sucia, instigada por un viejo dirigente, hombre contradictorio y vacilante, cuyo nombre no revelo por consideración a su familia. Es la guerra sucia de la envidia que ha corroído desde siempre a ciertos sectores de la «izquierda dominicana», incapaz de articular una solución creativa y gramsciana a la crisis generalizada del país.
Mis guerras, como se sabe, han sido literarias: contra la misoginia, el elitismo, la exclusión y la supuesta apoliticidad de que alardean muchos literatos. No tengo armas para esta guerra sucia, a ahora que di un paso al frente para apoyar la decencia en la política y el predominio de las ideas.
Hago responsables de lo que nos pueda suceder a quienes intentaron, trayendo a Gleijeses, manchar nuestro esfuerzo enjuiciando la trayectoria de uno de los más nobles dirigentes políticos dominicanos.
Hago responsables de lo que nos pueda suceder a quienes presentan a Manolo Tavárez Justo como un líder pusilánime acorralado por un grupo de jóvenes que podían ser sus hijos o hermanos menores, y no como un hombre que cumplió con la palabra empeñada cuando dijo «sabemos dónde están las escarpadas montañas de Quisqueya».
Hago responsables de lo que nos pueda suceder a quienes en pasadías con puercos y cerveza han planificado y anunciado el asesinato de Fidelio, por su firmeza irrenunciable y sus denuncias de las claudicaciones de quienes aceptan dinero de los mismos que masacraron nuestras luchas.
Y a ustedes, solo les pido que no se dejen confundir y confíen en nosotros. Paz y bien.

