En el 2000, el presidente Hipólito Mejia tuvo que hacer de tripa corazón para enderezar los errores del entonces expresidente Leonel Fernández. La historia se repite.
Vayamos a un solo caso. Mejía encontró serias dificultades para atraer inversionistas y mantener los existentes, sobre todo de Estados Unidos, donde el Congreso había denunciado la falta de un clima legal y ético para la inversión.
El presidente de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Benjamin A. Gilman, se vio obligado a venir al país durante los primeros meses del 2001 para demandar la solución de los problemas surgidos en el anterior cuatrienio.
Entre esos problemas citó el tema energético y la falta de reglamentos y voluntad política para combatir la piratería.
Un mes después de asumir el poder, Mejia promulgó la ley de Propiedad Intelectual.
Activada la ley, el Ministerio Publico y la Oficina Nacional de Derecho de Autor [ONDA] trabajaron muy de cerca con la Business Softwere Alliance [BSA] para combatir la piratería, logrando así notables avances en ese aspecto, reconocido incluso por el Banco Interamericano de Desarrollo [BID], cuyo presidente Enrique Iglesias, había recomendado meses antes utilizar adecuadamente los recursos de la informática.
El gerente de Microsoft Dominicana, Orlando Hernández, se mostró satisfecho.
El Banco Central, la Suprema Corte, la Presidencia, la Fiscalía del Distrito y de Santiago fueron los primeros organismos certificados por la BSA por estar al día en el manejo de sus sistemas de informática.
Además de enfrentar con responsabilidad y determinación el asunto, Mejia tuvo que dar la cara a una deuda de 16 millones de dólares que el Gobierno había contraída con Microsoft Dominicana durante el cuatrienio de Fernández. La calidad gerencial y humana de Orlando Hernández y Pedro Rockafort, este último representante de Microsoft Caribe, facilitó las negaciones, sin que resultaran onerosas para el Estado.
¿A quién le entalla el traje del desorden y falta de transparencia? Al PLD, que ahora nos da otro tiro de gracia anunciando un préstamo de 42 mil millones de pesos para la segunda línea del Metro, mientras pueblos y campos languidecen por falta de apoyo oficial. La historia se repite.
