¿Qué concepto tiene de si mismo un país, una isla, una región? ¿Cuál es su identidad? ¿O su falta de identidad? Reflejada, como en un espejo, en su literatura, en su poética? Si he de juzgar por lo que vi y oí en el Festival Mundial de Poesía Parnassus, nuestra literatura, nuestra poética, quizás con la excepción de Rita Indiana, tiene poco que ver con El Caribe, empeñados como estamos en una relación con la «madre Lengua», que nos impide incorporar al dominio poético las voces circundantes, los sonidos de una identidad que gracias a Dios, la música popular preserva.
Los y las poetas del Caribe Inglés no se plantean qué dice un poema sino qué hace, qué experiencia crea con el sonido y el lenguaje, cómo integra las voces de diferentes clases y razas, del tejido social de sus comunidades. La poesía del Caribe Inglés puede leerse como Calypso, como Reggae, porque incorpora la música, la estructura musical al poema.
Anthony Joseph es un poeta nacido en Trinidad, músico y novelista. Ha publicado cuatro colecciones de poemas: Desafinado (1994), Teragaton (1998), Hijo Cabeza de Pájaro, y Orquestas de Caucho, donde fusiona su origen caribeño con lo que define como una estética experimental. Descrito como el líder de la vanguardia negra en Gran Bretaña, cita como sus mayores influencias el liminalismo, surrealismo, jazz y los ritmos de la lengua de Trinidad y Tobago y su música. Con su orquesta El Espasmo, hace giras internacionales, habiendo producido ya tres discos muy celebrados. Es también profesor de Escritura Creativa en la Universidad de Londres, demostrando que se puede ser un músico popular y a la vez un académico, ámbitos que aquí consideramos irreconciliables.
Con Anthony estaba el poeta jamaiquino Kei Miller, de quien reproduzco este poema:
MARCHANDO
Them belly full, but we hungry.
Bob Marley.
Es algo más que el miedo
al vientre de las ballenas
lo que la mantiene caminando.
Honra a la mujer que marcha alrededor de Kingston
llevando una bandera.
Testigo inderrotable: ARREPIÉNTETE, JESÚS
LLEGARÁ PRONTO
Honra el papel que juega.
Marchando detrás de los tambores de las comparsas
por su tonada detenida en el tiempo
por cada milla recorrida
como una viuda, por su vestido almidonado.
¿Quién sabía que la armadura de Dios
estaba hecha de algodón
y era liviana?
¿Que el Espíritu Santo y el espíritu de
Pablo y todos los espíritus que la habitan
la protegían con su fe de todas las heridas?
Del peso del sol
que se extiende mas allá de los caminos.

