En el Sermón de las Siete Palabras de este Viernes Santo, la Iglesia Católica ha vuelto a rasgar las vestiduras de una sociedad agobiada por virus de antivalores éticos y morales y enferma de injusticia social e inequidad económica, a la que le ha reclamado luchar contra el crimen organizado, violencia, delincuencia y narcotráfico.
Cada uno de los sacerdotes que reflexionaron sobre las Siete Palabras pronunciadas por Jesús en el calvario, hilvanó juicios de reprimenda y sanción contra toda forma de desigualdades y clamó contra forma cruenta de discriminación y marginalidad del hombre contra el hombre.
Esta vez, la Iglesia ha tocado clarinada y anunciado que se opondrá de manera activa y militante contra posibles iniciativas que procurarían que la Asamblea Revisora inserte en la Constitución de la República el derecho de la mujer al aborto y del matrimonio entre homosexuales.
En efecto, en el mensaje de Viernes Santo los sacerdotes postulantes arremetieron contra legisladores que impulsan la legalidad del aborto terapéutico, contra el criterio eclesial de que la vida se inicia en la concepción misma y que constituye un pecado interrumpirla, aún sea por razones médicas.
El padre Lorenzo Vargas, quien moderó a los demás sacerdotes que comentaron las Siete Palabras, pidió a la población que se oponga resueltamente al aborto y anunció que la Iglesia presentará un documento ante el Congreso de rechazo a las iniciativas para insertar ese tipo de derecho en la Constitución.
El tipo de democracia que aspira la mayoría de los dominicanos permite y fomenta la disensión y la garantía de que frente a cualquier debate sobre asuntos públicos, las opiniones de los ciudadanos deben ser escuchadas, de manera individual o a través de sus organizaciones representativas, toda vez que la exclusión o imposición son expresiones de intolerancia, incompatibles con elementales normas de convivencia.
Este Viernes Santo, la Iglesia Católica enhestó de nuevo la bandera contra flagelos que atormentan a la sociedad dominicana como narcotráfico y criminalidad, pero esta vez se alista para emprender lo que ha de ser la madre de todas sus batallas, la de intentar impedir que se inserte en la Constitución derechos de última generación, como el aborto y la unión entre homosexuales. El tiempo dirá.

