Opinión

La incapacidad de la Cancillería

La incapacidad de la Cancillería

Las cinco condenas que ha sufrido el país en los últimos años en cortes y organismos internacionales nos hace ver como una nación huérfana de una eficiente política exterior. A pesar de ser un país que cuenta con un excesivo número de diplomáticos, en la práctica parece que no tenemos a nadie, o que los que están no tienen capacidad para manejar con eficiencia las situaciones que se han presentado.
El problema es tal, que incluso, en las situaciones en que han tenido desempeño aceptable, como ocurrió recientemente en México, cuando en la Corte Interamericana de los Derechos Humanos desmontaron una nueva acusación contra el país, no fue “explotado” positivamente a nivel de la opinión pública internacional.

Pero donde la situación se torna difícil es cuando evaluamos las respuestas de la Cancillería, de nuestros diplomáticos, en torno a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre quiénes realmente tienen derecho a la nacionalidad dominicana. La sentencia ha sido satanizada en el exterior, aunque los sondeos de opinión revelan que internamente tiene el respaldo de los dominicanos, pero eso no es suficiente cuando se trata de decisiones que involucra el destino de miles de haitianos indocumentados que viven en el país.

La Cancillería ha sido más que tímida en este asunto, lo que podría ser parte de una estrategia gubernamental, o quizás de incapacidad de los funcionarios de ese ministerio que no han sabido manejar el tema con el tacto y la gallardía que demanda el momento histórico. No podemos seguir siendo el hazme reír de los demás países, debido a la incapacidad de nuestros diplomáticos o por mala gerencia.  La República Dominicana está en la obligación de iniciar una ofensiva internacional que desmonte la estrategia de los defensores de dominicanizar a los extranjeros nacidos de padres indocumentados en el territorio nacional. Corresponde a la Cancillería hacer esa defensa, porque esa es su responsabilidad, a pesar de que en este caso lucen más perdido que el hijo de Limberg.

por: José Antonio Torres

joseatorres1960@hotmail.com

El Nacional

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