Opinión

La lección Bolsonaro

La lección  Bolsonaro

Salvo contadas excepciones, con la elección del excapitán Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil se ha reaccionado como si se tratara de un suicidio de la nación por la amenaza para el sistema democrático que se atribuye al discurso de un político que proclama mano dura para extirpar, paradójicamente, los males que lo han llevado a ganar el poder.

Tal parece que el remedio es el gran riesgo que afronta la sociedad y no una enfermedad expresada en la corrupción, la inseguridad ciudadana y la crisis económica que corroe su base. La desesperación suele ser mala consejera, pero estaría por ver hasta dónde no se trató de un riesgo calculado la preferencia por un candidato que ni siquiera cuenta con partido político antes que la seducción de los mismos cantos de sirena.

La falsa alarma que se ha sonado con la elección de Bolsonaro es la clásica expresión de cuando la emoción se impone a la razón. Brasil cuenta con un sistema institucional tan eficaz que desde la restauración de la democracia, en 1989, dos presidente electos han tenido que dejar el poder: Fernando Collor de Mello, quien renunció en 1992 arrastrado por una oleada de escándalos, y Dilma Rousseff, defenestrada por supuesta manipulación de las estadísticas fiscales.

Es precisamente ese sistema el que tiene en prisión al expresidente Lula da Silva, así como a otros prominentes políticos y grandes empresarios por el caso “lava jato”. Hastiados por el tsunami de la corrupción, la recesión económica y la criminalidad los brasileños decidieron inclinarse por un político que les dijo lo que pensaba.

Las votaciones marcaron un claro rechazo a líderes y partidos tradicionales, pero también una apuesta, que nada tiene de arriesgada, por un futuro más promisorio y decente.

Por supuesto que el panorama está minado de incógnitas, sobre todo cuando el nuevo gobernante no cuenta con el control de las cámaras legislativas para sus medidas, entre las cuales muchas se quedarán como meros enunciados de campaña. Pero hay señales alentadoras.

Al menos en lo que respecta al fichaje del juez Sergio Moro, quien ha liderado la batalla contra los políticos y empresarios vinculados al caso Petrobras, para el Ministerio de Justicia. Con Moro, quien sabe que no podrá transgredir las leyes, se piensa que se atarán todos los cabos sueltos que pudieron quedar en las investigaciones sobre los sobornos de Odebrecht dentro y fuera de Brasil, así como en otros escándalos.

Si Bolsonaro fracasa como alternativa para reorientar el proceso brasileño se expone a correr la misma suerte de Collor de Mello o de Dilma Rousseff. La lección del excapitán indica que la clase política que ha dominado el escenario tendrá que revisarse, porque, como ocurrió con Donald Trump en Estados Unidos, los pueblos suelen hastiarse y pasar facturas.

El Nacional

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