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La liebre  y la tortuga

La liebre  y la tortuga

Había una vez una liebre muy joven que vivía en el campo.

Era muy bonita y ágil, pero despreciaba a todos aquellos a quienes la naturaleza no había dotado de tantas cosas buenas como a ella.

Se divertía burlándose de los demás y sus palabras eran a veces muy hirientes. Solía atacar a una tortuguita.

– No eres nada elegante –le decía-. Mira qué patas tan cortas, que cabeza tan pequeña y qué despacio andas.

Un día la tortuga se cansó y le reprochó sus continuas burlas:

– Tú crees que corres muy deprisa con tus patas largas, pero las mías, aunque san cortas, me llevan también muy rápido.

– Haremos una apuesta: te puedo ganar en una carrera.

– De acuerdo- respondió la liebre confiada en su velocidad, y se echó a reír.

El zorro fue nombrado árbitro y la carrera empezó.

La tortuguita no perdió el  dedicó a caminar lo más rápido que le permitían sus patas.

La libre, despreciando a su adversaria, se sentó a descansar. “Tengo todo el tiempo del mundo para llegar primero”, pensó, y se quedó dormida sobre la hierba.

Cuando se despertó la tortuguita ya había pasado la línea de meta.

El Nacional

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