Una noche hacía mucho frío, y como de costumbre Samuel se acurruca en su cama, pero pasa mucho tiempo antes de conciliar el sueño.
Finalmente se duerme con los pies helados. A la mañana siguiente, al despertar se lleva una gran sorpresa.
_¿Qué pasa? _ se preguntó acercándose a la ventana _ no se ve nada afuera. ¿Dónde están los árboles? ¡Ha desaparecido el estanque!
Muy nervioso, baja rápidamente a ver a sus padres, que le tienen preparado un sabroso desayuno.
Pero él no tiene hambre. Está intrigado por el misterio que rodea su casa. No puede esperar más y sale al jardín.
_¡Es increíble! ¡No puedo ni andar!
_Dice Samuel_ . Ni siquiera llego a verme los pies.
Vuelve a la cocina y le pregunta a su padre:
_¿Qué es lo que pasa?
_Tranquilizate, hijo. Ha caído una niebla muy espesa esta noche.
¿Sabés qué es la niebla? Es una nube que está a ras de suelo y que cubre los campos y las casas.
Lo que te impide ver más allá de tu nariz son las gotitas muy finas de agua, que flotan en el aire.
¡Ten paciencia! En un par de horas, el Sol acabará por disipar esta niebla.

